El año 2025 ha sido en Salamanca el dedicado a Carmen Martín Gaite. No es para menos. Una fecha tan redonda como el centenario de su nacimiento así lo requería. Con independencia de otras muchas actividades llevadas a cabo fuera de Salamanca, la ciudad en su conjunto se sintió obligada a demostrar gratitud y afecto hacia una escritora que, sin dejar de sentirse salmantina, proyectó su figura literaria mucho más allá del ámbito transtormesino.
Carmen, ganó en 1957 el premio Nadal por su obra Entre visillos, que sería llevada a la televisión en 1973, como lo fue, en ese mismo año, el documental sobre Salamanca para el programa Esta es mi tierra. Cuatro años antes había recibido el premio de relatos “Café Gijón”, y a lo largo de su vida tendría numerosos galardones por unos trabajos que trascienden todos los géneros literarios. El premio Príncipe de Asturias es un buen ejemplo de reconocimiento hacia esta mujer que fue una de las más dinámicas personalidades del panorama literario del siglo XX español.
Un librero de viejo me comentó hace unos años que los libros de Gaite apenas se vendían en Salamanca debido a que sus paisanos no valoraban suficientemente a la autora. En algún momento ella habría aludido a esa sensación de olvido por parte de sus conciudadanos y lamentaba que en esta ciudad se le diera la espalda en las librerías. A juzgar por el número de actos en torno a la figura de Carmen Martín Gaite y a las ventas de sus obras, el juicio del informante en cuestión, probablemente tan mal intencionado como injusto, se cae por su propio peso.
Universidades, Casino, Ayuntamiento, Diputación, fundaciones, asociaciones vecinales, centros docentes y otras muchas entidades e instituciones se propusieron que el año dedicado a la escritora brillara mediante multitud de iniciativas relacionadas con su obra y su biografía: recitales, conciertos, convocatorias de premios, conferencias y coloquios, exposiciones, veladas poéticas, adaptaciones teatrales, documentales, reediciones de sus libros, reescrituras y traducciones, blogs, placas conmemorativas y un sinfín de jornadas, congresos y encuentros celebrados en los más variados foros enmarcaron con luminosidad la figura de Carmiña (como ella misma firmaba a veces). Mencionaré, a modo de ejemplo de convocatorias, la de Alumni, que congregó en el teatro Monumental de Madrid a mil doscientas personas para escuchar al compositor y cantautor Amancio Prada interpretando poemas de la que fuera su amiga durante muchos años. La orquesta y coros de RTVE acompañaron al poeta y músico berciano en una velada en la que no faltó la vertiente netamente académica a cargo de reconocidos especialistas.
Salamanca se volcó con Carmen Martín Gaite. Muchas personas encontraron el momento propicio para leer (o releer) sus libros, y rememorar (o conocer) una parte de la vida salmantina tal como la reflejó en alguna de sus textos más conocidos. Su legado literario está depositado en el Centro Internacional del Español, a escasos metros de la casa donde nació en esta ciudad “de tejados dormidos, tibia como un humo”, frente a la estatua desde la que, en la plaza de los Bandos, exhibe una permanente sonrisa. Y un aula de la Facultad de Filología, presidida por un retrato pintado por Miguel Elías, lleva el nombre de nuestra autora como recuerdo de los escenarios académicos por los que Carmen transitó durante los años universitarios.
Del Palacio de Anaya salió la revista Trabajos y días entre 1946 y 1951. En ella el corazón de Carmen vibró con las primeras pulsiones de su futura pasión literaria. En esta publicación colaboraron, entre otros, Rafael Sánchez Ferlosio, Jesús Fernández Santos, Ignacio Aldecoa y José Manuel Caballero Bonald. Los profesores de la facultad de Filosofía y Letras Antonio Tovar y Manuel García Blanco estuvieron detrás de la novedosa iniciativa, y procuraron buscar las fuentes de financiación –entre ellas el Gobierno Civil– para comenzar su andadura. Como era de esperar, otros profesores se sumaron con colaboraciones más o menos esporádicas, como Alonso Zamora Vicente, Antonio García Boiza, Luis Sánchez Granjel, Manuel García Blanco… sin olvidar a los entonces alumnos, y después señeras figuras de la Filología, Concha Giner, Agustín García Calvo, Luis Cortés o la misma Carmen Martín Gaite. Todos ellos postulaban estéticas innovadoras en el campo de las artes y la literatura junto con tímidos atisbos de corte político, dejando entrever unas incipientes ideas democráticas que la censura se esforzaba en controlar. En el número 6 podía leerse que era propósito de la publicación “recoger las diversas vibraciones de las generaciones que llegan a la Universidad, sin extremar los tópicos de la formación hoy en una moda tan peligrosa y de efectos tan contraproducentes, como la repetida experiencia demuestra”.
Carmen Martín Gaite, que ya por esas fechas creía en la literatura como instrumento de acción social, aportó traducciones del rumano (a sugerencia del profesor Aurelio Rauta, a quien los más vetustos aún llegamos a conocer), tres poemas (“La barca nevada” es uno de los más logrados) y un relato breve (“Historia de un mendigo”), además de alguna reflexión en torno al diario discurrir en las aulas de Anaya. Pues bien, desde Alumni, con el inestimable impulso de Ester Bueno en Ávila y de otros entusiastas miembros de la Asociación, se pretende resucitar una revista que, a pesar de haber sacado a la luz solamente 15 números, supuso un rayo de esperanza creativa y de impulso netamente universitario salmantino en medio de la oscuridad intelectual de la época.
Aparte de las actividades generadas en el seno de la Asociación, Alumni colaboró estrechamente con las organizadas por las diversas entidades a mayor gloria de nuestra escritora. Mención especial merece la convocatoria del Premio de Poesía Carmen Martín Gaite, patrocinado por la Asociación Alma Mater Arte y Cultura, cuyo objeto es “reconocer y visibilizar nuevas voces poéticas en el ámbito universitario”. El premio conlleva la publicación de la obra ganadora. En esta primera edición el jurado se decantó por Alberto Martín Pérez y su poemario Examen de Nacionalidad, y se hizo entrega del mismo, en una sesión especial del Ágora de Otoño, en el Teatro Liceo, con la intervención de los poetas Ester Bueno, mecenas del premio, Juan Antonio González Iglesias y Belén Gopegui. El acto dio comienzo con la proyección del documental Mujeres en la sombra, de Zaida Serrano, entrañable visión y soberbio análisis de los personajes femeninos a través de los distintos escritos de Carmen Martín Gaite.
Alumni puso el broche de oro al año de Carmen Martín Gaite con el nombramiento, a título póstumo, de socia de honor en un acto solemne que tuvo lugar en el Paraninfo de las Escuelas Mayores. Quede, pues, apresurada constancia de un año pródigo en reconocimientos y homenajes a quien llevó triunfal por el mundo de las letras el nombre de Salamanca y de su universidad.


