Julian Symons, uno de los escritores de novela negra y policiaca más prestigiosos en lengua inglesa, también visitó nuestra Universidad en junio de 1994. Es autor de uno de los tratados clásicos sobre la novela negra: Historia del relato policial (traducida al español en 1982). Su obra abarca desde la poesía hasta el ensayo, desde la historia social hasta la biografía y la crítica literaria ejercida habitualmente en periódicos como el Sunday Times. Su verdadera fama le llegaría con la novela negra, de la que ha sido uno de los cultivadores más excelsos, tras haber publicado más de una treintena, alguna de las cuales han pasado a ser consideradas clásicas en el género. Fue el sucesor de Agatha Christie en el Club de Detectives, y a lo largo de su dilatada carrera recibió premios importantes, entre los que cabe destacar la “Daga de Diamantes”, máxima distinción del género policiaco concedido a toda una trayectoria como escritor. Respecto a la gran maestra, Agatha Christie, con quien coincidió en algunas ocasiones, dice Symons que era una mujer muy tímida y que solo respondía con monosílabos en las conversaciones. Se ha criticado mucho la novela negra tildándola de subgénero literario de poca categoría, pero este escritor la defiende diciendo que “creo que hay novelas policiacas de una calidad literaria impresionante y que deben ser reconocidas por los críticos”.

En el campo de la poesía fundó la revista Twentieth Century Verse, en la que escribirían muchos jóvenes poetas de procedencia no universitaria, como reacción contra New Verse, controlada por la llamada “Generación de Auden”. Symons no quería saber nada de los poetas “elitistas” de Oxford y Cambridge. Ni siquiera llegó a ir a la universidad. Su formación se la proporcionó el trabajo, la lectura, la capacidad para asimilar, la sensibilidad a flor de piel para captar cuanto le rodeaba y transformarlo en arte. Entre sus numerosos libros podemos citar El caso del asesinato inmaterial, Jugando a matar, Treinta y uno de febrero, El hombre que se mató a sí mismo, Los asesinatos de Kentish Manor, Un problema de tres pipas, etc. Y entre los volúmenes de ensayos es ya clásico su estudio sobre la intelectualidad de los años treinta en Inglaterra, titulado The Thirties.

Julian Symons me dijo que siempre había tenido ganas de visitar Salamanca, ciudad que conocía de oídas y asociaba a la historia, a la cultura a la literatura y también a la Guerra Civil. Por cierto, que hablando de este tema y de la relevancia de Salamanca durante los primeros meses de la sublevación, me confesó que le hubiera gustado intervenir en esa guerra fratricida librada en España. Amigo de George Orwell, siguió desde Inglaterra los avatares de la contienda y formó parte del grupo de intelectuales británicos que, desde distintos postulados ideológicos, apoyaban la causa republicana. En su juventud fue militante trostkista, pero pronto perdió la fe en el género humano tras descubrir los campos de concentración en la Rusia de Stalin.

De figura enjuta y un tanto desgarbada, vestido con impecable traje blanco y tocado de un amplio sombrero del mismo color, a sus 82 años exhibía una figura imponente. Por cierto, que estando sentados en una terraza de la esquina de la Plaza de Anaya, se nos acercó un turista argentino que, emocionado, reconoció a Symons y se declaró gran conocedor y admirador de su obra. Salamanca, una vez más, punto de encuentro cultural e internacional. En plan de confidencia me habló del proyecto en el que estaba trabajando en ese momento, una novela a caballo entre la narración de corte político y la policiaca, con un primer ministro inglés como protagonista. Ignoro si se llegó a publicar. También me dijo que le preocupaban los nacionalismos que estaban reapareciendo –en esos años—en Europa, algo muy peligroso, como se había demostrado en Yugoslavia y en la partición de Checoslovaquia.

Como complemento a su visita a Salamanca y en homenaje a su obra, organizamos asimismo en el Aula de la Columna del Edificio Histórico una exposición de carteles sobre la historia de la novela negra británica escrita desde el siglo XIX hasta finales del XX (no olvidemos que el primer detective, Mr. Bucket, apareció en la novela de Dickens Bleak House, publicada en 1852, si bien la primera novela de detectives propiamente dicha fue The Moonstone, de Wilkie Collins, publicada en 1868).

Julian Symons murió cinco meses después de haber pasado por Salamanca. No pudio regresar, como hubiera sido su intención, pero al menos pudo cumplir un deseo largamente anhelado.

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