Uno de los antiguos alumnos de la Universidad de Salamanca más olvidado como tal es Diego de Rojas y Contreras (Valladolid, 26/07/1700-Cartagena, 10/11/1772, véanse las figuras 1 y 2). Era hijo de Diego de Rojas y Ortega -caballero de Calatrava, veinticuatro de Jaén y de los consejos de Órdenes, Indias y Cruzada- y de su esposa, la marquesa María Isabel de Contreras Ramírez. Fue el segundo hijo de los siete que tuvieron sus padres, que se llamaron Pedro José, Diego -nuestro personaje-, Bernardo, José, Antonio, María Joaquina e Isabel María. Sus hermanos Bernardo y José fueron asimismo estudiantes en esta Universidad, como lo serían sus sobrinos; contaremos otro día su historia.

Como segundón de familia nobiliaria, estaba abocado a seguir la carrera eclesiástica, pero sus padres le prepararon para lo mejor, y así fue nombrado caballero de Calatrava a los once años, como lo serán sus hermanos, y desde los doce colegial en el Colegio Mayor de San Bartolomé y Santiago de la Universidad de Granada (1712-1717). A los quince ingresa como bachiller canonista en el Colegio Mayor de Cuenca de Salamanca (1717-1735), desempeñando las cátedras de decretales menores (1732) y mayores (1733 y 1734) en la Universidad de Salamanca. Aunque la duración oficial de esta beca era de ocho cursos académicos, él continuó después como huésped, residiendo en Salamanca dieciocho años, hasta 1735; en esta fecha fue nombrado fiscal de la Chancillería de Valladolid, después ascendió a oidor de Valladolid (1739) y a continuación pasó a ocupar el obispado de Calahorra (1748). En ese cargo permaneció hasta su nombramiento como Gobernador del Consejo de Castilla (1751-1766). Dos años después de haber ocupado el obispado de Calahorra, mientras lo compatibilizaba con su trabajo en el Consejo, se le nombró titular del obispado de Cartagena (12/03/1753) y en este oficio permaneció hasta el 10/11/1772 en que murió.

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Esta vida de éxito razonablemente previsible en un colegial mayor salmantino dejó de serlo en 1766, cuando fue destituido por Carlos III del cargo de Presidente del Consejo de Castilla. Una destitución de oficio tan relevante era completamente inusual; sólo hubo un caso similar en la época de los Reyes Católicos ¿A qué se debió entonces? La causa fue la comprobación de que él había contribuido con su salario al levantamiento del Motín de Esquilache: la movilización popular contra las medidas gubernamentales que habían liberalizado el precio del grano encareciéndose hasta provocar el hambre de muchos, y contra el bando que ordenaba cortar capas y usar sombreros de tres picos, dictado por Esquilache, que pretendía evitar los frecuentes asaltos de los embozados en las castizas ropas. Estos hechos le obligaron a retirarse a su obispado de Cartagena, donde reconstruyó un fastuoso palacio (figura 3) y continuó, lejos de la corte, su eficaz trayectoria administrativa. Desde allí impulsó el proyecto educativo murciano del Seminario de San Fulgencio, concluyendo la fábrica del edificio al tiempo que se construían San Leandro y San Isidoro, que se inauguraron al comenzar 1767. En un informe que redactó en 1767, abogaba por la necesidad de convertir San Fulgencio en una Universidad, que fue finalmente autorizada como tal por Carlos iii durante el obispado de su sucesor (1777). Propuso medios para la prevención de las plagas de langosta, combatió el uso fraudulento de pasaportes por parte de la tropa itinerante, gestionó cuestiones docentes de los dominicos de Palma de Mallorca, y otros. Sería asimismo un gestor político eficaz y un escritor prolífico de tratados y documentos relacionados con su actividad profesional, desde el encargo que adquirió de recoger información de los daños que habían ocasionado el terremoto de Lisboa de 1755, hasta la propuesta de solución a una plaga de langosta o la mejora del sistema sanitario preventivo en las costas. La temática de sus escritos denota cuidado en la gestión de sus oficios.

Como antiguo colegial del Colegio Mayor de Salamanca, mantuvo durante muchos años la responsabilidad de “Hacedor”, que -según las denuncias de Pérez Bayer- era cargo que consistía en promocionar laboralmente a los de su colegio y familia, de forma que su influencia en los nombramientos de altos oficiales de la administración fue enorme.

En suma, un hombre de gran poder, que no lo perdió a pesar de su inhabilitación para la presidencia del Consejo de Castilla; un descendiente directo de la salmantina Beatriz Galindo, cuya sucesión enlaza hoy con Esperanza Aguirre.

Para saber más sobre este antiguo alumno y su obra, véase CARABIAS TORRES, Ana María. “¿La muerte del letrado? Consideraciones sobre la tipología del oficial español en el siglo XVIII”, en Dios, Salustiano de; Torijano; Eugenia (coords.). Cultura política y práctica del derecho. Juristas de Salamanca siglos XV-XX. Salamanca: Ediciones Universidad de Salamanca, 2012, pp. 143-238, ISBN: 978-84-9012-066-8, en línea
http://gredos.usal.es/jspui/bitstream/10366/124008/1/DHMMC_CarabiasTorres_Muerte_Letrado_tit_2012.pdf.

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