Los modernos medios audiovisuales han producido grandes cambios en la sociedad actual. El mundo audiovisual lo llena todo, y el ocio digital: Televisión, Internet, videojuegos y teléfonos móviles, con sus múltiples aplicaciones, ocupan cada día gran parte del tiempo de las personas; han traído progreso y han marcado, en muchos aspectos, un nuevo estilo de vida. Estamos inmersos en la aldea global y hoy día desde cualquier rincón del planeta es posible acceder a todo tipo de información.

Con el advenimiento de las nuevas tecnologías se han modificado notablemente los métodos de aprendizaje, de comunicación y de relación personal, y se han producido cambios sustanciales en la mentalidad de los niños, jóvenes y adolescentes; en su actitud ante el conocimiento y en su modo de concebir el mundo, hasta el punto, de que la educación ya no podrá desarrollarse plenamente a espaldas de esta importante innovación tecnológica.

Las nuevas tecnologías audiovisuales han acrecentado también el afán consumista de todos: niños, jóvenes y adultos, y han introducido nuevas formas de relación en las familias, que nada tienen que ver con las de épocas anteriores.

  1. TELEVISIÓN.

Cuando el 28 de octubre de 1956 se comenzó con las primeras emisiones regulares de televisión en España, poca gente podría imaginar que unos pocos años después los españoles se pasarían de tres a cuatro horas diarias delante del televisor. En todo este tiempo la televisión se ha erigido en el medio de comunicación dominante, y es admitido que este poderoso medio audiovisual ejerce una considerable influencia sobre la estructura familiar.

Esta influencia se ha visto acrecentada en los últimos años por el aumento del número de cadenas, y más recientemente por la implantación de la televisión digital que permite encontrar los programas preferidos en múltiples plataformas y redistribuirlos a través de variados soportes.

La influencia de la televisión es muy poderosa en niños y adolescentes, y los padres tienen que enseñar a sus hijos a ver la televisión: inculcarles un espíritu crítico ante los contenidos, que aprendan a seleccionar los programas huyendo de la telebasura, y a dosificar el tiempo de permanencia ante el televisor; ya que la televisión, bien utilizada,  puede ser un buen  medio de enseñanza y aprendizaje en valores; y al mismo tiempo un formidable instrumento favorecedor de la educación, la cultura, el ocio y la promoción de la salud.

Pero hay una serie de aspectos en los cuales la televisión puede ejercer una influencia negativa, y estos son: violencia, rendimiento escolar, publicidad, nutrición, sexualidad, y consumo de tabaco y alcohol.

De forma abreviada comentaremos cada uno de estos aspectos:

a) Violencia y televisión. En nuestro país las cadenas de televisión emiten diariamente unas 90 escenas de violencia. La Asociación de telespectadores y radioyentes sostiene que más de 300.000 niños ven solos la televisión por las tardes, de cinco a ocho, que coincide con el horario de protección a la infancia. Hay numerosos incumplimientos del Código de Autorregulación, y el mayor número de vulneraciones se produce en los contenidos de violencia, de lenguaje inadecuado y escenas de sexo. El temor es que el niño espectador llegue a considerar normal los actos de disparar, matar, violar y drogarse.

La reiterada observación de escenas violentas en televisión repercute sobre la agresividad del niño, que comienza a registrarse ya a partir de los tres años de vida. Numerosos estudios confirman que el alto índice de violencia televisiva interviene como factor importante en la determinación de las conductas masculinas violentas. Conviene dejar claro que no solamente tienen efectos negativos la violencia de las películas; hay que evitar también que los más pequeños vean los telediarios, por la carga de noticias y escenas violentas que cada día se transmiten por  televisión.

Muchos niños pasan un promedio de 3 a 4 horas diarias viendo la televisión, y esta puede ejercer una influencia negativa en el desarrollo del sistema de valores y de la conducta.

Una revisión de cinco metaanálisis de EE.UU demuestra que las imágenes de violencia en TV, películas y videojuegos, producen a corto plazo en niños y adolescentes efectos negativos: temores, excitación, alteraciones del pensamiento y control de las emociones; incrementándose la probabilidad de conductas agresivas.

b) Rendimiento escolar. La UNESCO ha llamado reiteradamente la atención de que el uso indiscriminado y masivo de la televisión puede resultar peligroso para el aprendizaje del niño, ya que aumenta la pasividad intelectiva, le aparta del trabajo escolar, y limita su creatividad.

Numerosos estudios han demostrado que los alumnos que ven más de dos horas diarias de televisión obtienen rendimientos escolares más bajos. La causa de este hecho se debe al retraso en el proceso madurativo y a una menor capacidad de abstracción, cuando existe abuso televisivo desde la edad escolar (Pediatrics 2006).

La exposición a la televisión en edades tempranas de la vida (niños de 1 a 3 años) está asociada a problemas de déficit de atención a la edad de siete años en el 10% de los casos, como lo demuestra un estudio transversal (Pediatrics 2004); el cual concluye que, limitando la exposición de niños pequeños a la televisión durante este período de formación del desarrollo cerebral, se pueden reducir los riesgos de la aparición posterior del Síndrome de Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH).

La Academia Americana de Pediatría va aún más lejos, aconseja a los padres que tengan la precaución de evitar que sus hijos vean la televisión por debajo de los dos años de edad.

c) La publicidad. La publicidad tiene como objetivo estimular el deseo y la necesidad de consumir, y los niños y jóvenes representan una importante cuota de mercado.

En su evolución, se ha pasado de un modo de hacer publicidad que se basaba en el lenguaje o en el texto, a las formas actuales basadas cada vez más en la imagen. Hoy día, muchos anuncios se producen digitalmente con técnicas de animación por ordenador, que dan tal sensación de hiperrealismo que fascinan sobre todo a los más jóvenes. Las técnicas publicitarias abusan a menudo de las limitadas capacidades de análisis y raciocinio del niño y de su natural credibilidad.

Esta publicidad engañosa preocupa a los padres, pues saben que los niños se creen todo lo que sale de la pantalla; como en los anuncios de los juguetes que después no hacen las maravillas que vieron en la televisión. Podemos resumir en cuatro los aspectos de la influencia publicitaria en niños y adolescentes (Vilchez 1999):

1) favorece el consumismo, les hace desear y a veces exigir lo que ven anunciado.2) acentúa el efecto marca, que se ve reforzado por la influencia de amigos y compañeros. 3) instaura modas, la publicidad les genera deseos de vestir de determinada manera y llevar la misma ropa que sus ídolos. 4) induce a la imitación de comportamientos.

d) Aspectos nutritivos. Diferentes estudios indican que la prevalencia de la obesidad está directamente relacionada con el aumento del tiempo destinado a ver la televisión en niños y adolescentes de 6 a 17 años; y esto es así, porque ver televisión representa una actividad pasiva, a lo que se añade el que muchos telespectadores consumen diversos productos ricos en calorías cuando permanecen sentados frente a la pantalla. Se ha demostrado que por cada hora de incremento del consumo televisivo aumenta el índice   de obesidad tanto en niños como en adultos.

De los miles de anuncios que ven los niños al año en televisión, dos tercios lo son sobre alimentos con elevado contenido en grasas, colesterol, azúcar y sal. No se debería aceptar que sean las firmas comerciales las que con la publicidad de esos productos inculquen hábitos alimenticios inadecuados a nuestros hijos.

Por otra parte, la constante exaltación de la esbeltez en modelos y presentadoras de televisión, que se pretende equiparar con el éxito y la belleza, constituye un mensaje con tal poder de atracción que puede llevar, por imitación, a muchas adolescentes al cuadro de anorexia nerviosa.

e) Sexo y sexualidad. Aproximadamente dos tercios de los programas de televisión incluyen contenidos sexuales, y muchos adolescentes identifican el mundo real con lo que ven en televisión. Como consecuencia, estamos asistiendo a una progresiva banalización del sexo y al mantenimiento cada vez más precoz de relaciones sexuales, con un incremento del porcentaje de embarazos de adolescentes y enfermedades de transmisión sexual.

La televisión se ha erigido en agente exclusivo de educación sexual, y los mensajes de contenido sexual se utilizan a menudo como reclamo comercial para vender cualquier producto.

f) Tabaco y alcohol. En la actualidad la publicidad del tabaco está prohibida en España, pero se sigue dando de manera encubierta a través de las películas emitidas por televisión.

Los anuncios de bebidas alcohólicas van dirigidos preferentemente a los jóvenes, con el claro mensaje subyacente de que el consumo de alcohol facilita la diversión y los éxitos más insospechados.

Actualmente la Ley General de Publicidad de 2012, prohíbe los anuncios en televisión de bebidas alcohólicas de más de 20 grados; no así los sugestivos anuncios de cerveza que tanto están contribuyendo a la iniciación precoz del consumo de alcohol, con todas sus nefastas consecuencias para la salud.

Ver a un grupo de chicos y chicas que apenas han llegado a la pubertad, con un cigarrillo en una mano y una cerveza en la otra, durante las frecuentes “ceremonias del botellón” o eventos similares, son un serio motivo de preocupación.

Conviene recordar, además, que la mezcla de alcohol y conducción de vehículos suponen la primera causa de muerte entre los jóvenes por accidentes de tráfico.

No quiero terminar, sin mencionar que el abuso televisivo tiene también efectos negativos en la tercera edad. Hoy día está demostrado que el ejercicio físico y un entorno rico en estímulos tiene efectos en la función cerebral de las personas mayores, mediante el crecimiento y desarrollo de células cerebrales nuevas (neurogénesis); lo que va a mejorar la memoria, la atención y el estado de ánimo.

Sin embargo, las personas de edad avanzada pasan muchas horas solas, sentadas ante el televisor, que es una actividad pasiva; a lo que se une cierto grado de parexia mental, que se produce con la persistente y reiterada observación de las imágenes televisivas.

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