La Universidad de Salamanca decidió crear en el año de la conmemoración del gran encuentro un premio para reconocer a los poetas iberoamericanos, nacidos aquende o allende los mares, que fue respaldado por Patrimonio Nacional. Este premio, convocado por ambas instituciones, se configuró como el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana. Fue su primera edición, por tanto, la correspondiente a 1992, año en el que también se celebró el quinto centenario de la “Gramática de la lengua castellana” de Elio Antonio de Nebrija, insigne profesor salmanticense. Desde entonces se ha convertido en el galardón más sobresaliente en este ámbito, en una suerte de Nobel de la poesía en español y portugués. La nómina de poetas premiados así lo prueba:

  • Gonzalo Rojas (Chile), 1992.
  • Claudio Rodríguez (España), 1993.
  • João Cabral de Melo Neto (Brasil), 1994.
  • José Hierro (España), 1995.
  • Ángel González (España), 1996.
  • Álvaro Mutis (Colombia), 1997.
  • José Ángel Valente (España), 1998.
  • Mario Benedetti (Uruguay), 1999.
  • Pere Gimferrer (España), 2000.
  • Nicanor Parra (Chile), 2001.
  • José Antonio Muñoz Rojas (España), 2002.
  • Sophia de Mello Breyner (Portugal), 2003.
  • José Manuel Caballero Bonald (España), 2004.
  • Juan Gelman (Argentina), 2005.
  • Antonio Gamoneda (España), 2006.
  • Blanca Varela (Perú), 2007.
  • Pablo García Baena (España), 2008.
  • José Emilio Pacheco (México), 2009.
  • Francisco Brines (España), 2010.
  • Fina García Marruz (Cuba), 2011.
  • Ernesto Cardenal (Nicaragua), 2012.
  • Nuno Júdice (Portugal), 2013.
  • María Victoria Atencia (España), 2014.
  • Ida Vitale (Uruguay), 2015.
  • Antonio Colinas (España), 2016.

La Oficina del VIII Centenario de la Universidad de Salamanca, dirigida entonces por el profesor Manuel Carlos Palomeque López, organizó en 2011, por el vigésimo aniversario de este Premio, un programa excepcional de actos, exposiciones y publicaciones. Recuerdo en este punto el magnífico libro editado con tal ocasión a modo de estudio, catálogo y antología de antologías. En él afirma el profesor Palomeque acertadamente que “el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana ha alcanzado verdaderamente un porte o halo superior y extraordinariamente valioso que transciende con creces la mera concatenación de actividades y secuencias que lo rodean cada año, por significativa que sea cada una de ellas”. Añade que “El Premio es en sí mismo la poesía y la cultura iberoamericanas, el homenaje a las lenguas que la sustentan y a los productos de su espíritu, la exaltación literaria de nuestros países y de su recíproca comunión a través de sus más preclaros poetas”.

Adviértase, como indica la profesora Carmen Ruiz Barrionuevo en el referido libro, que seis poetas de los premiados han recibido el Príncipe de Asturias de las Letras (José Hierro, Pablo García Baena, Ángel González, José Ángel Valente, Claudio Rodríguez y Álvaro Mutis) y otros seis el Cervantes (José Hierro, Álvaro Mutis, Gonzalo Rojas, Antonio Gamoneda, Juan Gelman y José Emilio Pacheco).

El acto de entrega del premio, académico y literario, tiene lugar habitualmente en el Salón de Columnas del Palacio Real de Madrid, en la plaza de Oriente. Dos veces, no obstante, se ha realizado en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca, en el edificio de las Escuelas Mayores: la primera en 2002, con motivo de la capitalidad europea de la cultura de Salamanca, y la segunda en 2011, por el mencionado vigésimo aniversario.

Esta segunda mitad de mayo de 2016 ha colmado de satisfacciones a los que adoramos la poesía y admiramos a quienes la escriben. Ida Vitale, poeta uruguaya premiada en 2015, ha presentado la magnífica antología sobre su obra preparada por la profesora María José Bruña Bragado, titulada “Todo de pronto es nada”, una joya de lectura muy recomendable. Dice Ida Vitale que llegó a la poesía por curiosidad y que intimó con ella tardíamente. Bendita sea la curiosidad que la guio y su amor por la palabra.

El 18 de mayo el jurado otorgó el XXV Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana a Antonio Colinas, el gran poeta leonés, de La Bañeza, ciudadano de Salamanca y del mundo. La noticia me infundió una alegría enorme. Unos días antes tuve la fortuna de asistir a la presentación de sus “Memorias del estanque”, su último libro por el momento, cuya lectura nutre el alma e ilumina un camino, el de la vida, que tanto cuesta recorrer. Disfruté oyendo su voz en aquel acto entrañable. ¡Cómo entona las bellas construcciones con las que expresa sus ideas y sentimientos! “Yo fui un niño muerto. El agua me devolvió la vida”. “Renacer en el silencio de la luz de la vela. Respirar en el silencio de la luz”.

Permítaseme finalizar con una conocida y reivindicativa cita del Inca Garcilaso de la Vega, cuzqueño, primer literato que corporeíza el rico mestizaje cultural hispanoamericano, fallecido el 23 de abril de 1616, en idéntica fecha pues que Miguel de Cervantes y William Shakespeare: “Aunque en Indias si dicen sois un mestizo lo toman por menosprecio, me lo llamo yo a boca llena”.

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