Laura Hernández Llinas es la ganadora de la I edición Premio “José Manuel Gómez Pérez” en la categoría de mejor expediente, dotado con 2.500 €. Es graduada en Derecho por la Universidad de Salamanca y ha disfrutado de una estancia con el programa Erasmus en la Universidad de Trieste (Italia). Además, obtuvo el Premio de Acceso a la Universidad en la convocatoria 2012/2013 y el Premio extraordinario de Grado durante el curso 2016/2017.

laura-h-llinas¿Por qué elegiste estudiar derecho?

Hay quien termina el instituto con una vocación clara y convencido del camino que quiere seguir, pero en mi caso no fue así. Había varios grados que me interesaban, y apostar por uno en concreto no fue fácil. Terminé escogiendo Derecho porque tenía la dosis de idealismo suficiente para buscar un ámbito laboral donde poder trabajar por la construcción de una sociedad mejor, y sabía que en un mundo tan juridificado como el nuestro cualquier cambio social requiere la participación de juristas capaces de instrumentalizarlo e impulsarlo. Si queremos combatir las desigualdades, y mejorar las condiciones de vida de la sociedad en su conjunto, necesitamos leyes bien construidas y profesionales del Derecho que las apliquen conforme a los principios de justicia que inspiran nuestro ordenamiento.

¿Por qué decidiste estudiar en la Universidad de Salamanca?

Soy de Salamanca, y siempre he vivido aquí, así que en este aspecto la elección era fácil. Teniendo en mi ciudad una Facultad de Derecho como la nuestra, que sabía que me iba a ofrecer una formación de calidad, no habría tenido sentido irse fuera. Como para cualquiera que haya nacido aquí, hubo momentos en los que envidié a otros compañeros que venían de otras ciudades y tenían la posibilidad de vivir sus años universitarios con una cierta independencia, lejos de la casa de sus padres. No obstante, nunca me arrepentí de haber decidido quedarme y prueba de ello es que una vez terminé el grado cursé también aquí el Máster en Democracia y Buen Gobierno. Después volví a confiar en la USAL a la hora de elegir el programa de doctorado que estoy realizando en este momento, Estado de Derecho y Gobernanza Global.

¿Qué destacarías de tu experiencia en la USAL?

La USAL es una Universidad viva, cada año miles de estudiantes y profesores de distintos puntos de España y del mundo pasan por sus aulas, y eso se nota; las facultades organizan con frecuencia encuentros académicos, las asociaciones y grupos de estudiantes promueven actividades de distinto tipo, y el resto de la ciudad se contagia de ese impulso y ofrece un programa cultural acorde a este dinamismo. Desde mi experiencia personal, lo mejor que me llevo de mis años de formación en la USAL es la cantidad de personas diferentes que coincidimos en las aulas, especialmente durante el año de Máster, donde tuve la suerte de compartir clase con estudiantes procedentes de más de diez países distintos. Cada uno de nosotros tenía su historia, sus tradiciones y su manera de entender el mundo, y durante un año de convivencia aprendimos mucho los unos de los otros y construimos algunas amistades que están por encima de cualquier diferencia.

¿Cómo valorarías la oportunidad dada por la Universidad de Salamanca de participar en el programa Erasmus?

Participar en el programa Erasmus es, sin duda, una experiencia muy enriquecedora para el que se marcha. Te da la oportunidad de conocer y adaptarte a otras formas de trabajar, y de demostrarte a ti mismo que puedes manejarte bien en un país extranjero. Te prepara para enfrentarte a un mundo laboral internacionalizado y potencia su crecimiento personal, pero el gran valor del programa Erasmus va más allá de las ventajas que obtiene cada estudiante individualmente considerado. Hoy vivimos un momento de auge de corrientes de rechazo a la inmigración, insolidaridad e intolerancia frente a cualquier diferencia cultural, combinado además con la exaltación de discursos de un nacionalismo mal entendido, que construyen identidades nacionales a través del enfrentamiento contra el otro. En este escenario, el programa Erasmus permite la creación de vínculos y lazos de amistad entre ciudadanos europeos de distintos países de la Unión, y nos recuerda que es mucho más lo que nos une que lo que nos separa, y que la diversidad forma parte de un patrimonio colectivo que deberíamos valorar siempre como algo positivo. Es un programa que construye comunidad a través de valores compartidos, y nos acerca a la filosofía que debería inspirar el proyecto de la Unión Europea.

¿Qué crees que te puede aportar esta universidad a tu carrera profesional?

Cuando terminé el grado en Derecho decidí orientar mi carrera profesional a la academia. Me interesan la investigación y la docencia, y en la Universidad de Salamanca he tenido la suerte de encontrar departamentos dispuestos a apostar por estudiantes que, como yo, quieren aventurarse a buscar un futuro laboral en este campo, y excelentes profesionales que tomar como modelo a seguir, que se implican día a día en la tarea de transmitir y fomentar el conocimiento, al tiempo que buscan potenciar proyectos de investigación innovadores. Todo ello convierte a la Universidad de Salamanca en un gran punto de partida para cualquiera que quiera dedicar su vida profesional al mundo académico.

¿Qué ha significado para ti haber recibido el Premio José Manuel Gómez Pérez en la categoría de mejor expediente?

El estudio es siempre, independientemente del nivel académico o la etapa vital del estudiante, una carrera de resistencia en la que te enfrentas a muchos obstáculos. Yo tuve la suerte de contar con el apoyo económico de mis padres para superar el primero de ellos, la necesidad de afrontar los costes de un grado universitario, un escollo que aún hoy excluye injustamente de la oportunidad de adquirir una formación universitaria a muchas personas que querrían hacerlo. Tener el privilegio de dedicar cuatro años a estudiar, sin tener que trabajar para costear nada por mi cuenta, me ha permitido aprender a disfrutar el Derecho. Quienes sean juristas me entenderán cuando digo que el Derecho es como el café, un gusto adquirido, una disciplina que no empiezas a apreciar de verdad hasta que no le has dedicado el tiempo suficiente como para entender el sentido que subyace a toda esa maraña de normas que en un primer momento te resulta incomprensible. Pero por mucho que te guste lo que estudias, siempre sabe mejor una cerveza con los amigos que un par de temas más de Derecho administrativo, y por muy motivada que estés siempre habrá materias que se te resistan, y momentos en los que algún problema personal haga que concentrarse resulte imposible, incluso en tu asignatura favorita. Que después de tantos años de pequeños y grandes esfuerzos te concedan un premio como este te permite pararte un momento a reflexionar, mirar hacia atrás con orgullo y felicitar a esa persona que tantas veces sacrificó otras cosas por seguir estudiando, y dar lo mejor de sí misma en cada curso.

¿Cómo valoras la iniciativa de otorgar este tipo de premios?

Vivimos en un mundo donde la constancia y la dedicación no se valoran tanto como deberían. Tendemos a asociar la inteligencia con la obtención de buenos resultados sin esfuerzo, y a idolatrar a quien consigue sus metas sin que medie un trabajo previo. Sacar un siete sin estudiar es motivo de alarde, y sin embargo parece que cuantas más horas de biblioteca haya detrás de un sobresaliente, más cerca está el estudiante de ser un simple empollón, y más lejos de ser alguien competente. Esto no solo es injusto para quien renuncia a tomarse unas cañas por repasar una última vez la práctica que entregará mañana, son planeamientos que forman parte de una cultura que es perjudicial para todos nosotros. El mundo no está hecho de genios, y aunque es cierto que hay gente brillante, a la que admiro sin reservas y envidio sin pudor, la mayor parte de las personas que obtienen un buen resultado en cualquier disciplina no son ni más ni menos inteligentes que el resto, sencillamente trabajan más duro, no se rinden ante el cansancio o el fracaso, y cultivan el gusto por el trabajo bien hecho.  En España necesitamos un cambio de paradigma en este sentido, tenemos que conseguir que la constancia y el trabajo duro sean motivo de admiración y no de demérito, y este tipo de premios son una buena manera de avanzar en esa dirección.

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