Mana el agua de la fuente, brota la luz del sol, el calor de la hoguera… parece que estos elementos fluyen de forma continua, sin interrupciones pero, ¿es así realmente? El movimiento de los objetos, de los autos, de las personas, ¿es continuo o se mueven -nos movemos- a golpes? Desde luego que el movimiento y todas las demás manifestaciones dinámicas de nuestra vida parecen continuas, sin interrupciones pero…

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Aclaremos el concepto de continuidad, de forma más o menos intuitiva para facilitar su comprensión. Veamos, por ejemplo, los números decimales, como son  94,543056 ó 2,26 ó 345,2313463768. Pensemos en dos decimales muy cercanos, 2,3426786 y 2,3426787. Entre ellos hay decimales intermedios, muchos, como 2,34267865, de hecho hay tantos como queramos escribir. O, dicho de otra forma, dado un decimal concreto, no hay forma de saber cuál es el siguiente. Tales variables se llaman CONTINUAS, en matemáticas y en ciencias en general. En un intervalo cualquiera entre dos cantidades, hay infinitos valores intermedios. Una magnitud continua es como una malla sin agujeros.

El concepto contrario es el de magnitud DISCRETA. Como los números enteros, 0, 1, 2, 3, 4, 5… Dado uno cualquiera, tiene un siguiente y, entre estos dos, no hay un número entero intermedio. Entre 3 y 4, por ejemplo, no hay intermedios enteros. En consecuencia, en un intervalo entre dos valores hay un número finito de ellos intermedios. Estas magnitudes que crecen a saltos, a golpes, se llaman DISCRETAS. Si miramos el cielo en una noche clara, el conjunto de las estrellas que vemos sería discreto, las estrellas son puntos aislados que no llenan el cielo, se podrían contar.

blog universoNacimiento de una estrella (NASA/ESA/Hubble)

En mi anterior post, titulado Los límites del Universo, vimos que la luz y las ondas electromagnéticas fluyen en (pequeñísimos) paquetes, en unidades llamadas fotones, auténticas partículas individuales que hacen de la luz una energía DISCRETA, no continua. Por tanto, se podría saber cuántos fotones discurren en este momento por el Universo.

Lo mismo ocurre con las demás energías y elementos que conforman el mundo, son magnitudes DISCRETAS (no varían de forma continua sino a golpes), como son  la masa (hay unidad mínima de masa, el quark), el tiempo (la unidad mínima de tiempo es llamada cronón), incluso de espacio (el mínimo espacio medible es la longitud de Planck, también llamada hodón). Claro, son unidades extremadamente pequeñas, lejos de nuestro alcance actual pero “todo se andará”…

En el supuesto que el Universo es finito en el tiempo y en el espacio, como dicen las últimas teorías cosmológicas, la información TOTAL del Universo sería una cantidad finita, medible, expresable con un número (eso sí, desorbitadamente grande). Otro problema sería almacenarla y manipularla, caso de acceder a ella. Proponemos como disco duro el núcleo de la Tierra o, dejando volar la imaginación, una estrella de neutrones supermasiva. Y como procesador, la red de todos los cerebros  humanos conectados, con su miles de millones de conexiones nerviosas…

Otra consecuencia notable de la no continuidad del Universo se refiere al movimiento: resulta que no es continuo, se produce a golpes. Como en las películas, cuadro a cuadro. Como los dibujos animados que, recordemos, son secuencias de 24 fotogramas por segundo y, al fundirse en nuestra retina, crean la sensación de movimiento. Dado que hay un tiempo mínimo posible (el brevísimo cronón) es de esperar que todo movimiento sea una secuencia de miles de millones de posiciones por segundo, llegando un punto en que, entre dos posiciones, no hay una intermedia. Nos movemos, pues, a golpes, como además nos dice la intuición: nuestros recuerdos son momentos puntuales, flashes instantáneos de los momentos importantes de la vida. Ya lo dijo el poeta, aunque fuera en otro contexto:

“Porque vivimos  a golpes, porque apenas si nos dejan…” (Gabriel Celaya).

blog universoGolpe de golf. (Edgeton). Fotografía estroboscópica.

Según ello, incluso la luz, el fotón, el móvil más rápido del Universo, se desplaza a impulsos, cual farolillo que se enciende en una posición y después se apaga para encenderse en la posición siguiente y luego en la siguiente… Como si el fotón, más que moverse, indujera un estado de excitación en sus posiciones sucesivas. De ahí su velocidad, prácticamente instantánea. Con lo cual resultaría, también, que la percepción del movimiento no es tal como creemos conocer sino una ilusión sensorial (aunque los efectos fueran los mismos), con lo que volvería a estar presente el Mito de la Caverna de Platón: la realidad está ahí fuera y lo que percibimos no son más que ilusiones.

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