Recientemente se publicaba en la prensa (ABC 19-09-2017) un artículo del historiador e investigador del CSIC Manuel Lucena Giraldo titulado “Mito y realidad de Colón”. Ponía de manifiesto el disparate intelectual de los indigenistas de cuello blanco en palabras del autor, sobre todo, por juzgar hechos del pasado bajo la perspectiva del presente. No puedo estar mas de acuerdo con él.

Ninguna fecha en la Historia de España merece tanto ser recordada como el 12 de octubre de 1492. Una cuarta parte del planeta era descubierta por la que ya era entonces la mayor potencia europea.
Posiblemente el mayor movimiento global de personas animales y plantas dio comienzo entonces. Con criterios ecologistas de hoy se hablaría de introducción de especies exóticas, tanto en América como en Europa. Pero, ¿Qué habría sido de Europa sin la patata o el maíz que tanta hambre evitaron? O ¿como habría evolucionado América sin el caballo y otros muchos animales domésticos que llevaron los españoles?
Y respecto a los valores actuales del multiculturalismo y la integración racial he ahí el mestizaje que se produjo y que no existió siglos después en la América colonizada por ingleses y franceses

Por eso celebramos nuestra Fiesta Nacional todos los 12 de octubre, en recuerdo de la gesta iberoamericana.

Hay que reivindicar el término Iberoamérica, porque al menos para los habitantes de esta península a la que los griegos denominaron Iberia y los romanos Hispania, debería estar meridianamente claro que el conjunto de países que componen la América de habla española y portuguesa conforman un espacio cultural cuyo nombre es y debe ser Iberoamérica y no América latina.

El lingüista vallisoletano Santiago de los Mozos (1922-2001), que fue profesor de la Universidad de Salamanca, explicaba que el término América latina fue acuñado en el siglo XIX como arma lingüística para socavar la huella española. Y por desgracia se impuso.
Fue en efecto, según de los Mozos, una operación del imperialismo cultural francés de la Francia de Napoleón III ante la evidente decadencia española y la desmembración de su imperio, luego de la independencia de la mayoría de los países hispanoamericanos del primer tercio de siglo. La excusa fue la insignificante presencia de habla francesa en minúsculos lugares, siendo también el francés romance del latín al igual que el español y el portugués.

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Pero lo realmente curioso es que esa idea también se afianzara en España. Y es que aquí hay quienes gustan de denostar nuestra historia. Por eso no es extraño ver libros de historia escritos y editados en España, que hacen referencia a la “emancipación de América Latina”, lo que por otra parte es una aberración histórica pues la independencia del continente se produce bastante antes del reinado de Napoleón III sin que por tanto se hubiera acuñado siquiera esa incorrecta expresión, y en consecuencia quien se independizó indiscutiblemente fue Iberoamérica.

Y por eso no es extraño tampoco que casi siempre se haga hincapié en los aspectos negativos, que los hubo, de aquella gesta que supuso el descubrimiento y conquista de tan vastos territorios, que no se circunscriben a los actuales países iberoamericanos, sino también a gran parte de los actuales Estados Unidos: Carolina, Georgia, Virginia, California, Luisiana, Colorado, Utah, Arizona, Nevada, Bahamas, Texas, Nuevo México, y por supuesto la Florida.

Fue en 1513, un Domingo de Resurrección, Pascua Florida, cuando Juan Ponce de León desembarcó en aquellas tierras que bautizó como Florida, iniciándose una presencia española en Norteamérica de 300 años, más tiempo del que conforma la historia del actual país de los Estados Unidos.
Por allí anduvo Pánfilo de Narváez y Álvar Núñez Cabeza de Vaca que en una proeza de resistencia física sin igual emprendió a pié una marcha de nueve años desde el golfo de Méjico hasta llegar al Pacífico. Fue el primer europeo que se internó por aquellas salvajes tierras de norteamérica y finalmente de regreso atravesó los valles de Sonora y Culiacán hasta llegar a la capital mejicana y después a España ofreciendo al mundo la primera visión de los actuales Estados Unidos.
Después fueron Fray Marcos hasta Arizona y la fantástica ciudad de Cibola, y el salmantino Vázquez Coronado que en 1540 estuvo en el actual estado de Kansas descubriendo el Gran Cañón del río Colorado. O Hernando de Soto en Georgia, Carolina, Alabama y Arkansas descubriendo el río Mississipí.

Hernán Cortés, Pizarro, Orellana, Almagro, Rodrigo de Bastidas, Alvarado, Valdivia, Vasco Núñez de Balboa, Grijalva,… y otros muchos a los que la historia aún no ha hecho suficiente justicia. Como en toda conquista se cometieran barbaridades. ¿Acaso no las hubo en la guerra de las Galias o en la de Hispania sin que eso impida reconocer la civilización que trajo Roma ? Barbaridades que también padecieron: A Pedro de Valdivia héroe de Flandes y de la batalla de Pavía y fundador de muchas ciudades del actual Chile, los araucanos le cortaron los brazos y se los comieron en su presencia.

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Edificaron Catedrales, Iglesias, Palacios, Universidades, (tan sólo 40 años después del descubrimiento, en 1538, ya se había fundado la Universidad de Santo Tomás de Aquino en Panamá, en 1551 las de Lima y México capitales de los dos primeros Virreinatos, en 1552 Sucre Bolivia, en 1558 Bogotá en Colombia, en 1603 Quito en Ecuador, en 1619 Santiago de Chile, 1621 Córdoba en Argentina y Cuzco en Perú y muchas mas). Fundaron ciudades y les dieron nombre…fue Alonso de Ojeda quien sugirió el nombre de Venezuela (Venecia pequeña).
Llevaron una religión y una lengua común para todo un continente, pero no desaparecieron las lenguas, religiones y culturas previas, porque las ordenanzas de los Reyes Católicos exigían algo inaudito en aquella época: que los indios fueran tratados como hombres libres. Unas ordenanzas inspiradas desde Salamanca, por Fray Bartolomé de las Casas defensor de los derechos de los indígenas 500 años antes de que en el mundo se empezara a hablar de derechos civiles o que se condenaran regímenes de “apartheid”.
Bartolomé de las Casas era Dominico igual que Francisco de Vitoria creador del Ius Gentium, derecho de gentes relativo a los indios y germen del actual Derecho Internacional. La estatua de Vitoria está frente a la grandiosa fachada de San Esteban del convento de los Dominicos en Salamanca. El mismo convento en el que años antes Diego de Deza confió en Colón.
Junto a otros como Melchor Cano o Domingo de Soto crearon la que se llamó Escuela de Salamanca que representa el Renacimiento del pensamiento en España.

No se pueden juzgar hechos de hace 500 años con criterios de hoy. Sin embargo es un hecho objetivo que España y Portugal están presentes en la sangre, la lengua y la cultura de todo un continente desde entonces. Por eso, por coherencia semántica y por justicia histórica, debemos hablar de Iberoamérica. Para que llamemos a las cosas por su nombre.

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