Hay dos lugares en Salamanca y Huelva que son referentes geográficos de dos almas gemelas, de dos humanistas del siglo de oro que fueron amigos. Lejos del mundanal ruido está la Flecha de Fray Luis y en un lugar recóndito de la sierra está la Peña de Arias Montano.

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Lápida del oratorio de Fray Luis en la Flecha, Cabrerizos, Salamanca.

Muy cerca de Salamanca y del río Tormes, en el actual término municipal de Cabrerizos, está la aceña y granja de la Flecha donde los Agustinos tuvieron casa de descanso para los frailes. Fue lugar de meditación y retiro de Fray Luis de León.

A pesar de eso y de ser también un lugar muy frecuentado por Unamuno, ha sido incluido por Hispania Nostra en su lista roja de patrimonio por su estado de abandono.

En el actual ayuntamiento de Alájar, entonces de Aracena y de Sevilla, está la Peña de Arias Montano, lugar de retiro y meditación elegido por Benito Arias Montano tras obtener por merced de su amigo Vélez de Guevara el patronato de la ermita de la Reina de los Ángeles. Muy próximo está a su vez el ayuntamiento de Castaño de Robledo del que según el escritor y cronista de Sevilla José Andrés Vázquez era natural la madre del famoso humanista.

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Ermita de la Reina de los Ángeles. Alájar.

Montano en su correspondencia lo llamaba “mi rinconcillo”, y “estancia que por ninguna ciudad la trocaría por no haber visto en cuanto he andado en España ni aún en otras provincias, un sitio semejante a este de la Peña de Aracena en el cual concurren muchas cosas naturales”

El lugar ha tenido más suerte que la Flecha al declararse BIC el siglo pasado. Además, su enclave es paisaje protegido.

La añoranza de la vida retirada está presente en las aspiraciones más íntimas de Fray Luis y de Arias Montano.

El primero es autor precisamente de un poema que lleva ese nombre, la Oda a la vida retirada, escrita según se cree en 1578, a la que pertenecen estos conocidos versos:

  ¡Qué descansada vida 

la  del que huye el mundanal ruido, 

y  sigue la escondida 

senda,  por donde han ido 

los  pocos sabios que en el mundo han sido! 

Arias Montano por su parte, había escrito en 1573 estando en Flandes, una Oda a Pedro Vélez de Guevara, gran amigo suyo. La imprenta de Plantino la imprimió en Amberes.

La poesía de Montano, que escribía en latín, es por ese motivo menos conocida que la de Fray Luis.

En aquella oda, confiesa su desasosiego por la violencia que se vive en aquellos territorios desde donde escribió unos “advertimientos” al Rey insistiendo en que no bastaba vencer pues era preciso convencer. Con nostalgia recuerda su retiro en Aracena:

“…el disfrutar de la felicidad en la gruta 

de la recóndita y eminente Peña, merced tuya, 

procurando ocultarme, sustrayéndome al miedo 

del mar y la tormenta…

Ambos anhelan una vida retirada entregados al estudio de la Biblia. Pero no renuncian a defender en público aquello en lo que creen, aunque pueda perjudicarles y se exponen a las denuncias y a la cárcel. Montano se libra de milagro, pero no así Fray Luis.

Sus vidas transcurren en la España Imperial de Felipe II nacido también en 1527 como ellos. Aquella España Imperial en la que, en tan sólo 20 años, de 1520 a 1540 se conquista un continente y el español se extiende por el mundo.

En aquel tiempo se produce la Reforma y la contrarreforma, el Concilio de Trento.

Por iniciativa de la universidad salmantina en la que se debate y se investiga, se adopta el nuevo calendario Gregoriano que con el tiempo sería aceptado por todo el planeta. Resplandece la Escuela de Salamanca.

Arias Montano será capellán y persona de confianza del Rey para los difíciles asuntos políticos de Flandes y Portugal. También será su bibliotecario en el Escorial. Pero siempre soñará con su huerto de Aracena como Fray Luis con la Flecha.

Oh monte, oh fuente, oh río…del monte en la ladera, por mi mano plantado tengo un huerto…escribe Fray Luis, mientras Montano acondiciona los alrededores de la ermita con huerto de frutales y parras y un manantial que trasforma en fuente. En el Escorial con nostalgia escribirá una oda en latín a la fuente de la Peña: “Cuida tu, Virgen, de mi amada fuente que en la gleba mis manos excavaron…”.

Huerto deleitoso y fontana de agua clara. Fontana es nombre poético relativo a manantial que brota de la tierra, como la Fontanilla de su villa natal Fregenal, maravilla de fuente datada en 1571.

Los dos son exponentes de la Escuela literaria salmantina del XVI, más concisa y menos grandilocuente que la Escuela Sevillana de Fernando de Herrera.

Los dos escriben sobre el Cantar de los cantares. La paráfrasis del Cantar de los Cantares de Salomón en modo pastoril es obra de Montano, mientras Fray Luis publica también el Cantar de los Cantares de Salomón, … fuente de huertos, pozo de aguas vivas…

Al salir de la cárcel de Valladolid, Fray Luis vuelve a mostrar sus ansias de retiro y escribe:

Aquí la envidia y mentira

me tuvieron encerrado

¡Dichoso el humilde estado

del sabio que se retira

de aqueste mundo malvado

y con pobre mesa y casa

en el campo deleitoso,

con solo Dios se compasa

y a solas su vida pasa,

ni envidiado, ni envidioso!

Volvió a la Universidad y tras pronunciar el célebre decíamos ayer, siguió enseñando. Murió en Madrigal de las Altas Torres en 1591 pocos días después de ser elegido prior del convento de San Agustín. Unos años antes había escrito “La forma de vivir los frailes agustinos descalzos”, germen de los Agustinos Recoletos.

Murió un año antes que su amigo Montano que en su testamento fundó en Aracena una cátedra de latinidad que funcionó hasta la desamortización del XIX.

Montano murió en Sevilla y está en el panteón de sevillanos ilustres. Murió en su también recoleta hacienda Campo de Flores.

El Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico considera probable que se trate de la Hacienda Miraflores integrada en el gran Parque Miraflores de Sevilla.

Avalaría esa hipótesis la lindante barriada Pino Montano y el cortijo Pino Montano, nombre que le puso Joselito el Gallo al comprarlo en 1910, en recuerdo de Arias Montano y de los muchos pinos existentes. Joselito lo puso a nombre de su cuñado Ignacio Sánchez Mejías, que solía reunír allí a Lorca y otros poetas de la generación del 27.

El Parque Miraflores es el mayor jardín urbano de Sevilla, con especies de lo más variado como jacarandas, árboles de fuego, palmeras de la suerte, verbenas, cedros del Himalaya, árboles del amor, granados, cocos plumosos, moreras centenarias, catalpas, ciruelos del Japón, robinias, palos rosas y otras muchas, que habrían hecho las delicias de Montano que también fue un gran botánico.

Por su parte, el escudo de Aracena con el lema “Hac itur ad astra”, por aquí se va a las estrellas, nos recuerda inexorablemente a aquel representante del renacimiento español que tuvo en la sierra su lugar preferido de estudio y retiro.