“Las criptomonedas son a la economía occidental lo que la criptonita es a Superman”.

Si queremos responder a la pregunta inicial, sigamos la pista al dinero. Y así comenzaríamos con aquellos remotos tiempos de la Humanidad en las que unos tenían y comían pescado y otros tenían y comían carne, ya que las raíces y los vegetales se encontraban en todos los lugares y no eran un bien escaso.

Observaron nuestros ancestros que sobrevivían más quienes alternaban en su alimentación pescado y carne y algunos grupos de humanos buscaron la cooperación para compartir esas viandas fundamentales en su nutrición. Ambos utilizaban la sal para conservar sus alimentos y pronto se dieron cuenta que era más fácil hacer intercambios de sal que mover continuamente tanto peso, quizás la primera moneda de la Humanidad. Me llevo pescado y te entrego sal, me llevo carne y te entrego sal. Y con la sal compro carne y pescado, es decir, lo más probable es que fuera la sal la primera moneda de la Humanidad. Otras tribus en África utilizaban conchas como monedas hasta que llegaron los japoneses y les regalaron tantas que destrozaron su sistema financiero y todo buscando buenas relaciones.

Después supimos que en Oriente Medio y Próximo se utilizaban maderas con muescas –Algunos en Castilla y León en los años 70 utilizábamos aún la “tarja” para comprar el pan-. Dichos “palitos” servían para entregar y recibir mercancías. En un lugar y día concreto se juntaban para compensar a la otra parte con cereal, el bien más preciado, “el valor reserva que diríamos”. Al principio sirvió para trueque de cereal por pan y más adelante para comprar pan y pagar a crédito cada mes. ¿Primera tarjeta de crédito?
Avanzamos hasta la Grecia poderosa y supimos que estos ya utilizaron metales para “acuñar” monedas difíciles de falsificar y que eran escasas. Cada mercancía era comprada o vendida y se pagaba o cobraba con monedas. La escasez y otras propiedades materiales de los minerales hacían de esas monedas un “valor” fundamental para facilitar el comercio y abastecer ciudades –polis lo llamaban entonces- que respaldaban su valor. Así funcionó el imperio griego. Aquí nos surge la pregunta si es la potencia militar el valor reserva fundamental de cada moneda en lugar de su valor nominal o valor de mercado. Una pregunta para una gran tesina.

Los Romanos lograron utilizar la sal para pagar a sus soldados –sueldos- y de aquí vendría la palabra “salarios”, también la utilización del dinero hecho con metales y de aquí vendría la palabra “denario”, digo “dinero”, pero lo más importante es que en un momento dado, cuando su ejército era más potente que el de los griegos o cartagineses –muy comerciantes por todo el Mediterráneo-, sustituyeron las monedas griegas por las suyas propias y en aquel mundo dominaron las fórmulas de cobros y pagos romanas en su entorno. El emperador “respaldaba” el valor de sus monedas.

En la Edad Media Europea, cuando el imperio Romano dejó paso a los “bárbaros” del norte y por el sur a los pueblos “árabes” –aquí hay mucho aún por investigar- y llegó la reconquista de los cristianos, cada señor con un castillo se inventaba su propia moneda, que si era duque, “un ducado”, que si era rey, “una corona”. Esos señores con sus ejércitos mantenían sus territorios y sus propiedades tanto de bienes “reales” como “financieros”. Aquí las monedas sólo se utilizaban en pequeños territorios.

Llegado el renacimiento y con él un movimiento de mercancías y personas de este a oeste de Europa se empezó a utilizar “el papel” –privado- que sería siempre respaldado por oro o plata, los metales más preciados y escasos. Los banqueros eran quienes aseguraban que el soporte no fuera una trampa. El famoso “giro” hizo que uno comprara vacas a crédito en la Feria de Medina del Campo y devolviera el préstamo en la Feria de Medina de Rioseco. Y nacieron las letras de cambio y más tarde los billetes hechos por el estado. Aquí el Imperio español llevó el Sistema Financiero de Europa a lo que ahora llamamos Américas. El oro y la plata –como ahora las tierras raras- servían para comprar todo, pero como no teníamos capacidad de producir nos produjo una tremenda inflación que nos hizo endeudar hasta las pestañas con fallido incluido en tiempos de Felipe II. Más adelante aparecieron los cheques, los “travel check” cheques que utilizaban los viajeros para pagar aquí y allá respaldados siempre por bancos y detrás de ellos sus países. Los bancos se encargaban de “compensarlos”.

Nos gusta también resaltar que los americanos en la lucha contra los ingleses por su independencia utilizaban la moneda real de a ocho española, llamada “dólar español”, también “duro” –más adelante en España moneda de cinco pesetas- ya que era más rica en plata y circulaba por todo el continente. Una vez lograron la independencia sustituyeron esa moneda española por su propia moneda, el actual “dólar”.

Y corriendo el tiempo tras el imperio español, el francés o el inglés con los mismos criterios, monedas de cada país hasta que llegó el “electromagnetismo” y su utilización. Varias compañías privadas inventaron las “tarjetas de crédito” siempre respaldas o por créditos de los bancos o por el saldo de una cuenta del beneficiario de dicha tarjeta. Bancos y Estado eran en última instancia sus valedores.

Y así hasta el día de hoy que vamos pagando con el móvil o con un reloj, pero siempre respaldados por un saldo de la cuenta en un banco y este por un Estado ya que de las reservas del “patrón oro”, la mitad de la mitad y los chinos acumulándolo como valor.

La historia reciente nos cuenta que en el siglo XX después de la Segunda Guerra Mundial, las máximas potencias militares –URSS y EEUU- dividieron el mundo en dos, cada uno con su sistema financiero y monetario. El de la URSS y sus satélites llamado “comunista”, el de los EEUU, “occidental” con los Acuerdos de Bretton Woods 1944.

Pero cada crisis de petróleo –¿es actualmente el patrón oro o la energía el valor reserva verdadero?- era como un dolor de muelas hasta que los alemanes –ahora ya “amigos de los americanos”- con su economía de guerra, grandes exportaciones y mínimas importaciones y unas balanzas enormes a su favor pidieron a Nixon que les pagara con “oro” –recuerden aún eran tiempos del “patrón oro”- ya que los dólares no eran de “fiar” y este les dijo que todo el oro cabía en un par de barcazas, vamos que no tenían suficiente oro para respaldar tantos billetes y le habían dado a la “manivela”.

Los alemanes principalmente, junto a franceses e ingleses exigieron correcciones en el sistema financiero mundial occidental apareciendo los acuerdos de Basilea I en 1988, Basilea II en 2004 y Basilea III en 2010 –el actual- para fortalecer el capital de los bancos y la solvencia de los estados, que en última estancia se encargarían de que todo funcionara sin trampas además de cada Estado es el que respaldaría a sus propios bancos. Recordemos en este punto que la UE nació en 1993.

Como muchas monedas de los países de Europa tenían grandes variaciones y no servían como “divisas”, es decir, no eran “monedas fiables”, la mayoría de esos países cedieron su control a cambio de crear una nueva para competir con el dólar americano y así el Euro fue diseñado el 31 de diciembre de 1988 para entrar en vigor el uno de enero de 1999 como divisa oficial de 11 países de la Unión Europea aunque los billetes y monedas “físicas” en euros comenzaron a circular en 2002, todo un hito.

Hasta que llegó el 2008 con la quiebra de Lehman Brothers y el sistema financiero “occidental” y los alemanes tenían allí gran parte de sus ahorros para las pensiones y otros asuntos mayores y como todos sus ahorros pasaron a valer “cero” se inventaron aquello de las “primas de riesgo” –mezclando churras con merinas- para los países que habían entrado en el Euro llamados los “PIIGS”, ya saben, Portugal, Irlanda, Italia, Grecia y España y tuvimos que pagarles a los alemanes y franceses unos intereses extraordinarios hasta que casi nos revientan con políticas de austeridad. Cuando dejamos de comprarles sus grandes y buenos productos más tecnológicos ellos “soltaron” la soga y empezaron a “remendar el euro” reduciendo el castigo y aliviando la economía general de la zona UE. Gracias Sr. Draghi.

A partir de ese momento, las nuevas tecnologías de los EEUU empiezan a producir nuevos ricos muy ricos que apostaban por la “libertad” de crear sus propias monedas –también llamadas “divisas” – fuera del control de los Bancos Centrales-. Así nacieron las criptomonedas. El Bitcoin (BTC) es la más importante pero otras muchas van naciendo, incluso el “TrumpCoin” propiedad de la familia Trump, la que tiene detrás un ejército poderoso para hacerse respetar. “Tokens”, “criptomonedas”, “bitcoins”, “etherum”, “criptoactivos”, “activos digitales”, “toketización del petróleo”, creadas por un proceso “blockchain”, “wallet o monedero digital”, en resumen, finanzas descentralizadas de propiedad privada que con palabras en inglés nos resultan raras, extrañas y para muchos un posible “timo de la estampita” y de las que los Estados no se hacen responsables. Pero esto ya ha pasado antes cada vez que un territorio –grande o pequeño- ha cambiado de “dueño o señor administrador” y es que es evidente que el dólar americano está “tocado” y pretenden darnos el cambizado.

Y como todo esto nos huele a “cuerno quemado” y la UE no tiene un ejército para hacerse respetar, ni tampoco son nuestros los inventos en las nuevas tecnologías, nuestros principales bancos están tomando la delantera al BCE creando las “stablecoin-euros”, criptomonedas respaldadas por el “euro digital” –que existe desde el principio ya que se podía pagar con una tarjeta de crédito, hacer transferencias o “bizum”- aunque ese “Euro-moneda”, “Euro-papel”, “Eurodivisa” o Euro-Digital siempre han valido lo mismo: Un euro vale un euro.

Y es que ahora nuestras autoridades europeas (BCE) se han dado cuenta -¿demasiado tarde?-que el americano nos la “está dando con queso” –algunos han dicho que esto es un nuevo caballo de Troya- y que sus “criptomonedas” respaldadas por el dólar son el truco del almendruco y llegado el momento utilizar algo que realmente no vale nada aunque se sigue soportando en el temido “poder militar” y no por el poder del “mercado”, La Escuela de Salamanca volverá a estar de moda para resolver este nuevo problema humano, social y económico y Adam Smith y sus seguidores tendrán que revisar su teoría del valor y su concepto de “mano invisible” para fijar los precios de unos bienes financieros que repercuten en la llamada “economía real” y que si no se resuelve por las buenas se resolverá por las malas.

Para solucionar estos cambios en el sistema financiero mundial, algunos bancos privados de la UE están ya metidos de lleno en crear los “stablecoin en euros”, que estarían respaldados por ellos pero sus valores dependerían de la oferta y demanda bajo el paraguas de “criptomonedas” creadas a expensas del BCE y que servirían para dar estabilidad a las criptomonedas con reservas en Euro y poder competir con los “stablecoin en dólares” y que tampoco tienen las garantías de la Reserva Federal de los EEUU. Vamos que los ciudadanos de Europa hemos entrado al trapo.

Y como sólo nos acordamos de la regulación y la burocracia cuando truena, digo cuando nos hemos visto estafados, si ganamos seremos unos visionarios, pero si perdemos queremos que el País y la UE se hagan cargo de nuestras malas decisiones y todo vuelta a empezar: ¿Son los criptomonedas una gran estafa o un cambio del sistema financiero internacional? Una cosa está clara habrá mucha emoción.

Para finalizar nada mejor que dar algunas previsiones ofrecidas por los altos representantes del BCE: “Si los grandes bancos europeos empiezan a ofrecer criptomonedas bajo el nombre de stablecoin en euros para evitar fugas hacía criptomonedas en dólares podrían salir más de 699.000 millones de euros de inversores zona euro, aunque nuestras principales instituciones reguladoras nos adviertan que no estarán respaldadas por las reservas de la UE. De los americanos sabemos que la actual “capitalización” de estas criptomonedas (Bitcoin y Etherum principalmente) valen 4,13 billones de dólares, pero no hemos encontrado el dato de cuánto dinero salió de dólares corrientes para convertirse en criptomonedas, su secreto mejor guardado. En este mundo la libertad y opacidad van de la mano.

En fin, ya saben, releamos la famosa Escuela de Salamanca de los siglos XVI y XVII para encontrar fórmulas adaptadas a estos nuevos e intensos tiempos para solucionar problemas como los de nuestro siglo de “oro” y los de nuestras futuras generaciones.