Tras haber dedicado en este blog todo un abecedario a demostrar que los matemáticos somos gentes de letras, me propongo seguir aportando argumentos al respecto, poniendo ahora la mirada en el papel protagonista de las matemáticas han jugado en las universidades a lo largo de la historia, acudiendo al mejor ejemplo posible: nuestra ocho veces centenaria Universidad de Salamanca.

En su fundación por el rey Alfonso IX de León en 1218, como escuelas y estudio general, la Universidad de Salamanca adopta el curriculum de enseñanzas que venían impartiendo las escuelas monásticas y catedralicias de la Alta Edad Media, según había sido establecido en el siglo VIII por el teólogo y matemático Alcuino de York en la escuela Palatina de Aquisgran. Ese curriculum lo constituían las siete artes liberales, organizadas en dos vías o caminos del conocimiento: en un grupo, denominado trívium, estaban las disciplinas “de lengua”: la gramática, la dialéctica y la retorica; en otro grupo, el quadrivium, las disciplinas “de matemáticas”: la aritmética, la geometría, la astronomía y la música.

triviumquadrivium

Para encontrar el origen de este concepto medieval del curriculum matemático, hay que remontarse mucho más atrás, hasta la escuela pitagórica de la Grecia Clásica, y en concreto a Arquitas de Tarento (discípulo de Filolao, que a su vez había sido discípulo de Pitágoras) que fue el primero en acotar a esas cuatro disciplinas las técnicas matemáticas.

Dentro del quadrivium, la astronomía tenía una importancia especial por determinadas aplicaciones prácticas como la cosmografía, la geografía, la navegación… y la medicina, pues los “físicos”, como eran llamados los médicos de aquella época, debían conocer influencia de los astros en las enfermedades y en la aplicación de los remedios. Por ello, el estudio los astros que se abordaba en las universidades del siglo XIII venía a combinar conocimientos matemáticos con su aplicación a realizar pronósticos.

Esos conocimientos estaban en la denominada astrología esférica, dedicada a conocer los cuerpos celestes (planetas, estrellas,…) y sus movimientos. Para su enseñanza se tomaba como referencia teórica el “Tratado de la esfera” (De sphaera mundi), escrito por Juan de Sacrobosco hacia el año 1230, donde se tratan las propiedades de la esfera, de los círculos que se materializan en ella, los cambios de las estrellas y del día a lo largo del año, y el movimiento de los planetas. Y como manual de prácticas, para calcular la posición de los siete cuerpos celestes (el sol, la luna y los cinco planetas conocidos entonces) y elaborar calendarios, se acudía a las “Tablas alfonsíes, recopiladas sobre observaciones de los cielos de Toledo en 1252 por encargo de Alfonso X el Sabio, rey de León  (nieto de Alfonso IX, descendiente de su hijo Fernando III el Santo) y basadas en los trabajos de los astrónomos árabes.

tablasalfonsies

Sobre estas bases, se podía seguir profundizando en la astrología especulativa, la que podría considerarse astronomía en un sentido más estricto, en la que cobran protagonismo los cálculos y demostraciones matemáticas. El texto de referencia era el Almagesto, obra de Claudio Ptolomeo en el siglo II, en la que se describe el movimiento de los planetas y las estrellas como un sistema geocéntrico (que sitúa a la Tierra en el centro del universo)

almagesto

O también se podía pasar a estudiar la astrología práctica o predictiva, que discurría entre la considerada astrología natural (dedicada a la predicción del tiempo, de las mareas, del crecimiento de las plantas) y la llamada astrología judiciaria (dedicada a predecir el destino y los  sucesos futuros).

Todas estas enseñanzas de la astrología y de las matemáticas debieron estar asignadas en los inicios de la Universidad de Salamanca a maestros que también explicaban otras materias en cátedras cursatorias (donde se explicaban materias secundarias que el catedrático principal no había llegado a explicar), pues no hay constancia de una cátedra específica en ninguna de las órdenes y constituciones reales que fueron otorgadas durante los siglos XIII y XIV para regular el estudio salmantino. Es en 1411, en las constituciones que le otorga Benedicto XIII, el Papa (aragonés Pedro de) Luna, donde figura la ordenación de la que puede ser considerada la primera cátedra de matemáticas de la Universidad de Salamanca: una cátedra de astronomía, geometría y aritmética.

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