Todos tenemos presentes la gran crisis del 2008 de la que tardamos prácticamente diez años en empezar a salir y todavía no tenemos olvidada. Nació de la codicia y avaricia de Bancos y Entidades que compraron y especularon con un producto financiero altamente tóxico: el “Lehmanvirus”.

Creado por altos ejecutivos del hasta entonces solvente Banco americano Lehman Brothers, se basaba en Hipotecas Subprime, es decir de alto riesgo, otorgadas a sabiendas de su dudoso cumplimiento, a personas sin solvencia económica, a unos altos intereses que supuestamente las hacían muy rentables. Después de algún tiempo, alarmados por el alto índice de morosidad, no se les ocurrió otra idea mejor que crear una variante del hispánico “Timo de la Estampita”, versión Wall Street: cojo una hipoteca tóxica, la junto con una o dos más o menos normales, le pongo un lacito rosa y creo un Bono Subprime de alta rentabilidad que le ofrezco a otros bancos. El Lehmanvirus estaba creado y listo para propagarse por todo el mundo, presente dentro de aquellos atractivos bonos.

En Europa, la Banca invirtió con alegría en este bonito producto financiero que contenía agazapado el letal Lehmanvirus, generando con ello una drástica pérdida de beneficios, poniendo a toda la Banca y Cajas de Ahorros en situación de pre-quiebra. Automáticamente, el flujo crediticio se congela, la Banca entra en pánico, cierra el grifo del crédito ahogando a millones de empresas y particulares. Se empieza a hablar de “Crisis”, pero en nuestro país, el gobierno se empeña en no verlo y tomarnos el pelo con aquello de que no era una crisis, era una “desaceleración de la economía”, según Zapatero y su ministro de la cosa, el recordado Pedro Solbes.

A partir de ahí, la Unión Europea aplica una política totalmente surrealista y equivocada: imposición de medidas fiscales más duras, para que los países miembros cumplan el sagrado “Déficit”, y rescatar a la Banca con inyecciones millonarias. Es como si un loco con ametralladora se lía a disparar a una multitud y la policía, en vez de ayudar a los heridos y detener en seco al agresor, le proporciona más balas dejando a los heridos desangrándose. Esa policía comunitaria, representada por las hormigas de los países ricos del Norte, tan calvinistas ellos con sus “hombres de negro”, arremetieron contra las cigarras, los “eternos vagos del Sur”. Portugueses, españoles, italianos y sobre todo los griegos, sufrimos una humillación monetaria que nunca debimos permitir. Es una pena que solo existiera un Varoufakis que alzara la voz y plantase cara.

Todavía tenemos grabadas en nuestras memorias aquellas imágenes de TV, de la policía practicando desalojos o “lanzamientos” (¡que palabra de leguleyos más desagradable!) de desahucios a diestro y siniestro, con verdadera saña y violencia frente a los interesados y a ciudadanos de buena voluntad que agrupados en asociaciones tipo Stop Desahucios intentaban, sin éxito la mayoría de las veces, parar aquellas “injusticias legales”, fruto de una Ley Hipotecaria anticuada y obsoleta, cuyo Artículo 33: “El Banco tiene todos los derechos y se queda con todo”, que los jueces aplicaban a rajatabla, sin tener en cuenta ningún condicionante posible, llevando a la ruina a miles y miles de personas, tanto particulares como autónomos o propietarios de pequeñas empresas. Muchos españoles vieron incorporarse a sus menús familiares nuevas especialidades gastronómicas como “Déficit Coyuntural a la plancha”, o “Ensalada de Prima de Riesgo con reducción de balsámico”, en otras palabras: aire y pobreza.

La Unión Europea, y con ella nuestro Gobierno de turno, se equivocó aplicando una drástica política de salvar la macroeconomía y la gran Banca, con sus Diez Mandamientos Keynesianos, dejando que los ciudadanos de a pie, bueno, la gran clase media y los más desfavorecidos, se ahogaran sin remedio. Por cierto, todavía en 2020 seguimos esperando que los Bancos españoles nos devuelvan los ingentes préstamos que se les otorgó entonces, con el sacrificio del bolsillo de todos.

Así estábamos en febrero 2020, luchando en el día a día por acabar de salir del todo de aquella crisis que nos vino importada de EEUU con el Lehmanvirus, poniendo a punto para una nueva gloriosa Temporada de Verano de nuestra industria nacional nº 1, el Turismo, con los preparativos para la Semana Santa, las Fallas, la Feria de Abril etc. cuando nos empezaron a llegar alarmantes noticias, primero de China y más tarde de Italia, de la presencia de un nuevo bicho letal: el Coronavirus Covid-19.

En esta ocasión, no afectaba a nuestros bolsillos, sino directamente a nuestra salud, independientemente del estatus social o económico de cada uno. Su facilidad de contagio y velocidad de propagación eran preocupantes

No voy a entrar a opinar sobre si nuestro Gobierno actuó bien o mal, tarde o pronto, lo cierto es que, si comparamos los daños, tanto en muertos como contagiados, y recuperados estamos en línea con los países de nuestro entorno, pero los daños colaterales en nuestra economía van a ser bastante más catastróficos, porque nos ha pillado todavía convalecientes.

La gran diferencia entre la Crisis 2008 por el Lehmanvirus, y la actual es que al menos tanto la UE (con reticencias iniciales de los ortodoxos de siempre, Alemania, Suecia, Holanda y Austria) como nuestro Gobierno se acordaron de los fallos cometidos en el pasado y tomaron medidas dando prioridad a los ciudadanos y su salud dejando, de momento, aparcada a un lado la macroeconomía.

Las drásticas medidas sanitarias de cierre de fronteras y confinamiento general de la población con paralización de movilidad y actividad económica no vital, se ha conseguido parar el contagio masivo, y la famosa “curva” tan familiar ya para todos nosotros, sigue mejorando de modo que con prudencia, demasiada para unos y demasiado poca para otros, nos permite el ir relajando las duras medidas de confinamiento y cierre cuasi total de actividad que todos hemos padecido y ya forma parte de nuestras vidas.

Las medidas socio-económicas tomadas, ERTE, ayudas directas en metálico a trabajadores autónomos y PYMES forzados a cesar su actividad, moratoria en el pago de alquileres y préstamos bancarios, junto con la aprobación de la puesta en marcha del pago de un Ingreso Mínimo Vital para muchas personas en el umbral de la pobreza, han servido para frenar el brusco impacto de pérdida total de ingresos, aliviando la situación y el seguir viviendo de miles y miles de españoles. ¿Cuánto nos va a costar?, ¿Qué impacto va a tener en el PIB?, creo que es un tema que apoyamos una gran mayoría del país y que no nos preocupa ahora mismo. Ojalá los afectados por la Crisis de 2008 hubiesen tenido la mitad de la mitad de estas ayudas y moratorias crediticias.

Y así estamos ya en junio, con el verano recién estrenado, y la esperanza de que poco a poco podamos retomar nuestras respectivas vidas, aunque sea acostumbrándonos a las mascarillas, la distancia social, hacer colas, entrar en los locales pequeños de uno en uno etc. etc.

¿Qué va a pasar de ahora en adelante? Es la gran pregunta y la gran preocupación colectiva. El compromiso de la Unión Europea de creación de un aparentemente generoso Fondo de Reconstrucción, parte a fondo perdido, parte reembolsable a bajos tipos de interés y largo plazo es algo que tampoco tuvimos en 2008 y teóricamente debería servir para que en grandes y medianas empresas los ERTE no se conviertan en ERE y no se pierdan definitivamente cientos de miles de puestos de trabajo, para que autónomos y PYMES tengan acceso a financiación blanda de verdad que les permita continuar con su actividad, para que la Hostelería y el Turismo al menos aguante, aunque sea a medio gas, hasta que todo esto pase y solo sea un mal recuerdo.

Pues bien, la crisis de 2008 nos enseñó que, ante las políticas de austeridad y recorte de gasto público, que solo han generado más paro, pobreza y desigualdad, es necesario apostar por medidas que pongan la dignidad, la vida de los ciudadanos, su estabilidad laboral y económica en el centro de las actuaciones. Espero que todos, Gobierno, partidos políticos, organizaciones como CEOE, CEPYME, Sindicatos etc. junto con la ciudadanía así lo entendamos y actuemos en consecuencia. Si no lo hacemos, el retroceso y la involución en todos los ámbitos de nuestra sociedad que generará esta Crisis del Coronavirus, la tendrán que pagar varias generaciones venideras.

Por último, declarar públicamente que solo deseo volver a mi NORMALIDAD, y no a la anunciada NUEVA NORMALIDAD, término que me suena a Orwelliano, me descoloca y me cruje en el cerebro: control de la población por geolocalización GPS, vigilancia mediante pulseras electrónicas, memoria virtual, sistemas de reconocimiento facial asociados a grandes sistemas informáticos basados en Big Data etc. etc. son tecnologías de Big Brother que sin duda recortarán, aún más, nuestros derechos de privacidad. De ahí al mundo de Gilead de El Cuento de la Criada, hay solo un paso. De lo que está pasando en los EEUU de Mr. Trump, mejor no hablamos.

Acabo con la siguiente reflexión: el lema gubernamental JUNTOS PODEMOS, me parece demasiado categórico, conociendo algo nuestra sociedad anárquica e individualista. Yo lo cambiaría por “JUNTOS PODRÍAMOS… SI QUEREMOS”.

Una vez más seguiré aplicando mi lema vital: “We shall overcome … one day”, aunque me temo muy mucho, que ya nada volverá a ser igual de ahora en adelante.