Si nos fijamos en nuestra forma de acceder al lenguaje, parece claro que ha sido la práctica la que ha ido mostrando el camino. Repitiendo ‘mamá’, ‘más’, ‘sí’…, ‘uno’, ‘dos’, ‘tres’,… De forma parecida irían haciendo nuestros antepasados. Para los números un saco, otro saco, otro saco… Y escribiendo, para recordar, un palote, otro palote, otro palote… Comparar conjuntos por sus cantidades pudo ser una de las primeras necesidades que fueron conduciendo a la creación de esta parte del lenguaje, y a utilizarlo donde y cuando la experiencia mostraba que era útil hacerlo.

Formas más convenientes de decir lo ya dicho, como escribir ‘el siguiente de 2’ con 2+1, irían ampliando su utilidad y su estructura. Una insistente interacción entre el lenguaje de que se iba disponiendo y las realidades a que se iba aplicando. El mismo mecanismo que para el desarrollo del resto del lenguaje. El conocimiento de los números naturales por cada generación siguiente se alcanzaba también por la práctica, se aprendía a utilizarlos. Así durante milenios.

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Hasta que algunos comenzaron a contemplar los números, a tratar de ver lo que eran, a averiguar de dónde procedían. Y, como para casi todo lo demasiado perfecto, las primeras explicaciones situaron los orígenes en el exterior. Y los números, las matemáticas, fueron lenguaje de los dioses. Y, abandonados los dioses, siguieron considerándose superiores, con calificativos lo suficientemente ambiguos como para no parecer de aquí. Y dos y dos eran cuatro no por haber abreviado con ‘cuatro’ ‘el siguiente de tres’, sino porque no podía ser de otra manera (artículo de este blog de 6 de junio de 2018).

Pero los números naturales fueron creados por la práctica. Aunque tan útiles resultaron, que no parecen ajenos al origen de todo. Como si fueran por la misma razón que el Universo es, incluso en algún grado antes que él. Y tan de esa forma nos siguen pareciendo que ni siquiera hoy llegan a cada uno de nosotros puesta toda su teoría en palabras, como sí ocurre con otras partes de las matemáticas. Los recibimos como están, los aprehendemos. Tan parecidos a lo natural nuestros antepasados, la utilidad, los fueron haciendo.

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