Continuando con el recuento de novedades en la Salamanca del Renacimiento, podemos recordar el nacimiento de nuevas formas y temas literarios y la creación de conceptos básicos de la ciencia moderna.

  1. El nacimiento de nuevas formas y temas literarios
  • En Salamanca también re-nace el teatro español, de la mano del salmantino Juan del Encina. Si exceptuamos las Representaciones de Gómez Manrique, las Églogas de Juan del Encina son las primeras obras dramáticas que se conservan, y pueden haber sido las primeras representaciones de estas características que se conocieron en España. Su Auto del Repelón, de 1509, da por primera vez al teatro español la proyección popular que luego le conferiría prestancia internacional. Rival de Encina, su discípulo Lucas Fernández, escribió obras que se representaron en Salamanca y otros lugares en rivalidad con las suyas.
  • La Celestina [Comedia de Calixto y Melibea (1499) y .. (1502)], como poco, fue acabada y “empeorada” por el estudiante salmantino Fernando de Rojas, que desarrolla la trama en un espacio urbano que no se expresa pero que se ha devuelto a la ciudad de Salamanca. Según Patrizia Botta, entre los testimonios antiguos que aluden a la casa de Celestina en Salamanca, están las obras del género de la celestinesca, ambientadas explícitamente en Salamanca. Su éxito comercial se comprueba en que se han conservado 109 ediciones españolas entre 1499 a 1634, más 24 en francés, 19 en italiano, 2 en alemán, 2 en latín y 2 en hebreo.
  • La vida de Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades (1554) es una obra que crea el subgénero de la novela picaresca por su parodia de lo caballeresco y de la epopeya, su realismo, la narración en primera persona, el estilo, el lenguaje, la estructura itinerante y la ideología moralizante y pesimista. A pesar de haberse editado inicialmente en Medina del Campo (1554), la ligazón a Salamanca está hasta en el título. La obra se comercializó en varias lenguas durante la época del Renacimiento y ha seguido siendo vendida hasta hoy: en 2011, en plena crisis económica, se hicieron veintitrés ediciones distintas de la obra en España; y en lo que va de año, ya han salido ocho (Fuente: ISBN, 31/X/2012).
  • En Salamanca se imprimió el tratado sobre el ajedrez más antiguo que se conserva en España, fue la Repetición de amores e arte de axedrez con CL juegos de partido, incunable editado en 1497 por el entonces joven estudiante, probablemente converso, Luis Ramírez de Lucena, posible inspirador de Calisto en La Celestina. Esta recopilación contiene la primera unificación de reglas del ajedrez que son las que rigen en la actualidad; especialmente el Giuoco piano de la apertura italiana, la apertura española, la del peón de dama, el gambito de rey, las defensas que hoy se denominan de Philidor, Petrov, la francesa, la holandesa, los fianchettos de rey y de dama, la apertura de alfil, el enroque, la conveniencia de ocupar el centro o abrir líneas para dama, torre y alfil, y la llamada “posición de Lucena” de final de partida.
  • El catedrático de griego y después rector de la Universidad de Salamanca, Hernán Núñez, el Pinciano, realizó una recopilación de refranes que terminó y publicó León de Castro (1555): Refranes o proverbios en romance…. Fue el compendio más extenso hasta la época, recogidos en sus lenguas originarias (catalán, valenciano, asturiano, gallego, italiano, francés, portugués y castellano), y contiene además la primera datación de muchas palabras del español. Hernán Núñez investigaba el origen del texto, lo regularizaba métricamente, buscaba su posible corrupción y lo relacionaba con una sentencia clásica. Su obra se convirtió en el refranero por antonomasia hasta el de Gonzalo Correas, escrito un siglo después.

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  1. La creación de conceptos básicos de la ciencia moderna

El problema del movimiento

La aportación general y pluriforme de la Escuela de Salamanca descrita en el primer punto no obsta para que alguno de sus intelectuales contribuyera además al nacimiento o desarrollo de otras ideas de dilatado desarrollo posterior. Éste es el caso de Domingo de Soto, que ofreció una gran contribución a la ciencia del movimiento en su obra Sobre cuestiones de los ocho libros de la Física de Aristóteles.

Para comprender la genialidad de Soto en este tema hay que tener en cuenta que la cuantificación de problemas físicos requirió de cambios conceptuales muy importantes. Desde los pitagóricos fue completándose la descripción cualitativa de los fenómenos naturales, pasando por Platón, Arquímedes, Aristóteles, algunos profesores de París y Oxford en los siglos XIII y XIV, hasta llegar a Galileo. Estos habían desarrollado dos formas de estudiar el movimiento: atendiendo a las causas (dinámica) o a su descripción (cinemática). Entre 1325 y 1350 un grupo de matemáticos del Merton College de Oxford (Bradwardine, Heytesbury y Swineshead) calcularon ambas formas y desarrollaron conceptos descriptivos como los de velocidad (intensidad del movimiento) y velocidad instantánea, distinguiendo entre movimiento uniforme (con velocidad constante) y movimiento no uniforme (acelerado); es decir que diferenciaron entre cantidad e intensidad del movimiento o de cualquier cualidad. También desde la Antigüedad se había empleado la línea para representar el tiempo (Aristóteles) o las magnitudes numéricas (Euclides), pero Nicolás de Oresme (c. 1323-1382) generalizó en París una imagen gráfica distinta, en la que la línea horizontal representaba cualquier objeto y la vertical la intensidad que éste tenía de una cualidad determinada.

Un nuevo problema llegó cuando se pensó en el movimiento de un cuerpo como una unidad (todas sus partes moviéndose con la misma velocidad) y que su velocidad variaba con el tiempo, circunstancia que requiere formas de representación más abstractas. En el sistema de coordenadas ideado por Oresme el movimiento se expresa como una función del tiempo: La velocidad uniforme se plasma en una figura en la que todas las líneas verticales son de igual longitud (como un rectángulo); el movimiento uniformemente acelerado se expresa en líneas verticales que crecen de forma uniforme; y el movimiento no uniforme puede representarse en una figura que puede ir desde un semicírculo hasta una forma irregular.

Es decir, que Oresme y sus colegas estudiaron el movimiento de modo cuantitativo, distinguiendo entre cinemática y dinámica, analizando la velocidad, estableciendo básicamente la ley del movimiento uniformemente acelerado, y formulando el teorema de la velocidad media del Merton College (que, gracias a la representación mediante coordenadas, permite comprender cuestiones que de otro modo escapan a una comprensión rápida). Para definir la velocidad instantánea se usó el concepto del espacio que se recorrería si el movimiento fuese uniforme, pero precisamente imaginando que no lo es. Después, en París, Jean Buridan (c. 1300-1358) desarrolló la teoría del movimiento y del impetus, que es el impulso comunicado a un proyectil cuando es lanzado; idea aplicable también a la caída de los cuerpos bajo la acción de la gravedad.

Esta cinemática del Merton College (Oxford) y de la Universidad de París fue acompañada por explicaciones dinámicas sobre las causas del movimiento. Alberto de Sajonia (1316-1390) relacionó la caída de los cuerpos y la ley del movimiento acelerado; conceptos que fueron muy difundidos entre los científicos y repetidos tanto por Leonardo da Vinci (1452-1519) como por Domingo de Soto, que se reafirman en que la caída de un grave es un movimiento uniformemente acelerado. En este punto es donde adquieren importancia las afirmaciones de Domingo de Soto (1494-1560): en sus Quaestiones sobre los ocho libros de física de Aristóteles asocia por primera vez en la historia la idea de movimiento uniformemente acelerado (uniformites disformis) con la caída de los cuerpos, afirmando que la distancia recorrida por el grave puede ser calculada a partir del tiempo transcurrido, y empleando el Teorema de la velocidad media del Merton College. Dijo Soto:

“Este tipo de movimiento [uniformemente disforme con respecto al tiempo] propiamente sucede en los [graves] naturalmente movidos y en los proyectiles. Donde un peso cae desde lo alto por un medio uniforme, se mueve más veloz en el fin que en el principio. Sin embargo, el movimiento de los proyectiles es más lento al final que al principio: el primero aumenta de modo uniformemente disforme, y el segundo en cambio disminuye de modo uniformemente disforme… Y tanto la fuerza activa como la que resiste puede ser inherentemente interna al móvil o [de modo] adyacente extrínseca; como cuando un grave cae, la misma gravedad es una fuerza interna, y la que algo arroja es extrínseca… Lo que es movido es una resistencia, que ha de ser superada por la fuerza motriz…” (Quaestiones, lib. 7, q. III).

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Figura 1: Domingo de Soto.

Esta relación entre aceleración de la caída de los graves y el movimiento uniformemente disforme fue la clave de Galileo para fundamentar la cinemática; Soto concebía la resistencia no sólo como externa del medio, sino también como interna (masa inerte; masa inercial según Newton) y proporcional al peso, que ha de ser superada para que se produzca el movimiento. Newton matizaría que no es necesaria una fuerza para la persistencia del movimiento.

De la genialidad de Soto se dio cuenta Duhem en 1910, que atribuyó a Soto la formulación la ley de caída de los graves sesenta años antes que Galileo, aplicando el término uniformemente disforme (o acelerado) al movimiento circular uniforme que sólo Newton llegaría a explicar cómo equivalentes al movimiento de caída de una manzana en la superficie de la Tierra, o el de la Luna alrededor de la Tierra. Las afirmaciones de Soto suponen el tránsito de la abstracción matemática a la realidad física y una clave para la matematización de las leyes de la naturaleza, y convierten su obra en un peldaño clave hacia la ciencia moderna.

Koyré calificó como enigma de Soto el hecho de que este autor, aisladamente, supiese que el movimiento de los graves en caída libre fuese uniformemente disforme respecto del tiempo, y el modo como pudo transmitirse este conocimiento a Galileo. Puesto que Soto no subraya como especialmente significativa esta afirmación, se conjeturó que podría haber sido un conocimiento común entre sus colegas, supuesto que negó William Wallace estudiando caso por caso a diecinueve pensadores escolásticos y reconociendo que el único que clasificaba el movimiento de caída de los cuerpos como uniformemente disforme respecto al tiempo fue Soto. De este modo, según Wallace, el único mérito de Galileo habría sido expresar esta idea en fórmulas matemáticas; “la contribución del dominico español -dice- no fue producto de la época, sino… significativa”. Pérez Camacho y Sols Lucía opinaron que estas ideas pudieron pasar a Italia y a conocimiento de Galileo a través de su herencia científica en los profesores del Colegio Romano de los jesuitas, concretamente de sus discípulos Francisco de Toledo y Francisco Suárez; y también a través de su influencia directa, pues el propio Soto estuvo en el concilio de Trento desde diciembre de 1545 y asistió al capítulo General de su Orden en Roma, en 1546. Además, sus Quaestiones fueron también publicadas en Venecia (1582) y en Duaci (1613).

No me parece necesario abundar en la importancia y la rentabilidad de este descubrimiento.

Atisbos de magnetismo

Fernán Pérez Oliva, catedrático y rector de la Universidad de Salamanca, escribió bastantes diálogos, discursos y ensayos, como el famoso Diálogo de la dignidad del hombre, continuado por Francisco Cervantes de Salazar en 1546 que se vendió también traducido al italiano y al francés. Su obra es una mina de novedades científicas de las que ahora cabe destacar el Tratado en latín sobre la piedra imán. En él imaginó la posibilidad de utilizar el magnetismo para la comunicación a distancia entre personas (comunicación telefónica).

Nuevos conocimientos en medicina

En 1498, el doctor por Salamanca y médico de Fernando el Católico y de Carlos V, Francisco López de Villalobos, escribió el Sumario de la medicina en el que se anticipó a sus colegas Girolamo Francastoro y Francisco Delicado en la descripción de los efectos de la sífilis.

Cosme de Medina y su alumno Collado fueron los descubridores en Salamanca del hueso estribo del oído.

Nuevos conocimientos musicales

Con un rigor matemático desconocido hasta el momento en los teóricos musicales, Francisco Salinas, en De musica libri septem, a pesar de su ceguera, descubrió gran cantidad de cosas:

– Hizo la exposición más rigurosa y pormenorizada hasta entonces de la justa entonación, llevándola a sus límites, explicando los problemas de ponerla en práctica y demostrando la necesidad de utilizar algún tipo de temperamento para los instrumentos de afinación fija.

– Fue el primero en describir explícitamente el temperamento igual de 12 semitonos por octava (esto es, según García Pérez, el aspecto fundamental de la obra de Salinas); el primero en proponerlo como la mejor solución para los instrumentos de cuerda con trastes y en remitir al mesolabio para su construcción. También fue el primero en describir pormenorizadamente el temperamento de 1/3 de comma (un tipo de temperamento mesotónico parecido a otros habituales en el siglo XVI).

– Describió los temperamentos mesotónicos de 1/4 de comma y 1/7 de comma con mucha mayor precisión matemática de la que lo había hecho Zarlino.

– Su análisis de la modalidad fue muy moderno ya que plantea abiertamente la diferencia entre tono y modo.

– Introdujo transcripciones de melodías populares para ejemplificar su discusión sobre cuestiones rítmicas, convirtiéndose así en el primer “folklorista” de la historia.

– Por carecer de sonido, cuestionó abiertamente llamar “música” a la armonía de las esferas celestes, como todavía lo hiciera Kepler en Harmonices mundi (1619).

En su época, la obra de Salinas se vendió en una edición inicial en Salamanca en 1577 y otras dos distintas en la misma ciudad en 1592.

 

En próxima entradas en este blog veremos el nacimiento de la marca “Salamanca”.

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