El verano se suele identificar con las vacaciones, los viajes, los reencuentros y, en general, el esparcimiento. También se considera la época de los cursos extraordinarios, los festivales y el aprendizaje de idiomas. Se piensa más en el descanso, el relax y la convivencia familiar que en otros asuntos y circunstancias. Para otras personas, sin embargo, el estío se vincula con la actividad empresarial y el empleo, principalmente en España, que se halla a la cabeza de los países más sobresalientes como destino turístico.

No es necesario reiterar, por ser de común conocimiento, la riqueza sin par que aportan a la oferta turística la cultura y las lenguas, el patrimonio histórico, artístico y natural, los paisajes y el clima, la gastronomía y la enología, los caminos y las rutas, los servicios públicos prestados en los distintos niveles territoriales (incluidas la promoción, la información y la seguridad ciudadana) y las infraestructuras, las empresas turísticas, incluidos los guías, la hostelería, el ocio, el comercio y el camping, la cualificación profesional del personal, etc.

El peso del turismo, en sus muchas y distintas dimensiones, en la economía española dota a todo el año y, por supuesto, a los periodos considerados de temporada alta, entre los que está la mayor parte del verano, de un extraordinario interés para el crecimiento, la macro y la microeconomía, el empleo y la propia imagen de nuestro país. No se concibe ya España sin mantener su lugar como potencia turística de prestigio, gracias a su gran atractivo por muchas razones, para todos los gustos y edades, así como a la calidad y la seguridad de los destinos, con servicios excelentes en el ámbito de las Administraciones, las empresas y los profesionales.

La pandemia de COVID-19 ha afectado gravemente a todos los sectores, pero el turístico y sus asociados, por razones evidentes, han sido dañados especialmente. El verano de 2020 ha empezado, en este sentido, de manera diferente, pues los límites fijados a la movilidad para la contención de la enfermedad han ido desapareciendo solo a partir del 21 de junio, si bien siguen en relación con algunos Estados externos al espacio Schengen, entre ellos Estados Unidos, importantes tanto para el turismo, como, y no debe olvidarse, para la enseñanza de la lengua española, actividad de excelencia y gran relevancia en nuestra Comunidad, que se está viendo muy perjudicada.

El ritmo de la reactivación económica puede verse marcado de manera significativa por la recuperación parcial de la actividad turística. Su importancia es enorme, aunque no se alcancen, naturalmente, las cifras de los años previos. No sorprende, por ello, que el Gobierno de España y los de las Comunidades Autónomas hayan ido aprobando medidas extraordinarias en materia de financiación y empleo, que deberán ampliarse previsiblemente. Las más recientes son las contenidas en el Real Decreto-ley 25/2020, de 3 de julio, de medidas urgentes para apoyar la reactivación económica y el empleo (BOE 6 de julio de 2020).
La imprescindibilidad de esa recuperación parcial ha conducido a la apertura de las fronteras, acelerada por el deseo de recibir visitantes, lo cual supone la asunción de riesgos evidentes que han de ser minimizados y gestionados eficazmente por los poderes públicos. Se requiere, además, la implicación ciudadana y debe llamarse de nuevo al cumplimiento del deber de cautela y protección, definido en el Real Decreto-ley 21/2020, conocido como el de la nueva normalidad, y complementado por el Acuerdo 29/2020 de la Junta de Castilla y León: “todos los ciudadanos deberán adoptar las medidas necesarias para evitar la generación de riesgos de propagación de la enfermedad COVID-19, así como la propia exposición a dichos riesgos (…). Dicho deber de cautela y protección será igualmente exigible a los titulares de cualquier actividad (…)”.

La implicación ciudadana constituye igualmente una invitación a viajar por lugares cercanos, dado que los turistas nacionales funcionan siempre, y con más fuerza en esta coyuntura, como un motor de la actividad turística. Tal invitación se convierte en estos Cuadernos del CES en una exhortación apasionada a recorrer Castilla y León, uno de los lugares más bellos del mundo. En ocasiones, la austeridad en la expresión y la ausencia de presunción, tan propias de las personas de esta tierra, impiden manifestar la admiración por una Comunidad maravillosa, con un rico y diverso patrimonio cultural, natural, paisajístico y gastronómico, sumamente excepcional, con servicios y empresas turísticas y de ocio de muy alto nivel y con personas amables y espacios acogedores.

Sintamos este verano, y siempre, el placer de disfrutar y conocer más los preciosos territorios de Castilla y León, sus ciudades, pueblos, parajes y caminos. Nunca antes viajar en familia y con amigos ha sido tan recomendable para el progreso de nuestra Comunidad.

Artículo recogido en los “Cuadernos para la reconstrucción económica y social” Consejo Económico y Social de Castilla y León