El 16 de junio de 2010 España debutaba en el Mundial de Sudáfrica. El torneo empezó mal. La Selección perdió su primer partido frente a Suiza. “España sufre un gravísimo accidente”, “Ningún campeón del Mundo empezó perdiendo” fueron algunos de los titulares de la prensa española.

“Nosotros en aquel momento no buscamos culpables”, nos comentó el entrenador Vicente Del Bosque el pasado jueves. “Hay que aceptar los resultados con naturalidad y sentido de la responsabilidad. Y hay que pensar en los nuevos objetivos. Eso era fácil. Se trataba de ganar seis partidos seguidos”, añadió Del Bosque no sin cierta ironía. Con ese talante y esa claridad, España llegó a la final y ganó su primer Mundial de Fútbol el 11 de julio de 2010.

Esta fue la respuesta del entrenador salmantino al plantearle cómo se gestiona el fracaso, una de las cuestiones sobre las que habló en el coloquio Fútbol y empresa: experiencia en gestión de talento, equipo y presión junto con Antonio Huertas Mejías, presidente de Mapfre y del consejo asesor de Alumni-Universidad de Salamanca.

“El fracaso se digiere bien cuando es fruto de la falta de información y no de la mala intención, del dolo”, apuntó Huertas. “Lo asumimos y lo digerimos. Hay que ser humildes para aceptar el error”.

Con este debate, celebrado en la Casa América, la directiva de Alumni-USAL ha presentado en Madrid los objetivos de su nueva etapa, que pasan por difundir su proyecto e invitar a todos aquellos que tengan o hayan tenido vinculación con la Universidad de Salamanca a colaborar en el crecimiento de la asociación.

“Es mucho más que una red de antiguos alumnos, es una asociación hacia el mundo, una asociación que une”, señaló el presidente de la junta directiva, Alberto Alonso Regalado. “Se trata de una asociación en crecimiento, abierta a todos aquellos que tienen o han tenido que ver con la institución como a los ajenos a ella quieran vincularse de un modo u otro”. Alonso recalcó que Alumni-USAL se distingue de otras asociaciones de antiguos alumnos por su independencia: no es un departamento o servicio que dependa de la universidad sino una agrupación de la sociedad civil, vinculada con la Universidad de Salamanca, pero formada y gestionada por antiguos alumnos y amigos de la USAL.

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Fue hace un año cuando el rector de la Universidad de Salamanca, Daniel Hernández Ruipérez, invitó a un grupo de antiguos alumnos de diversos ámbitos profesionales a participar en la expansión de la asociación, uno de los objetivos que se ha marcado la universidad de cara a la celebración de su VIII centenario (2018).

En el acto de Casa América, el rector subrayó que “Alumni tiene que ser un elemento tractor del cambio, capaz de aprovechar el talento de todos los que han pasado por las aulas de la Universidad o que se sientan vinculados afectivamente de alguna manera, a la vez que debe servir como una red que les brinde oportunidades para su futuro, un vínculo con su alma mater y una fuente de captación de ayudas y recursos para grandes proyectos de la Universidad”.

Una larga historia y una constante proyección exterior son dos de los rasgos más destacados de la Universidad de Salamanca. Aún hoy, un número muy importante de alumnos de la USAL procede de fuera de Salamanca y vuelve a marcharse de la ciudad al finalizar sus estudios. La nueva estrategia de Alumni-USAL tiene muy en cuenta esta diseminación nacional e internacional y por eso busca ampliar su actividad más allá de Salamanca, crear clubes y capítulos allá donde haya antiguos alumnos dispuestos a colaborar y celebrar por todo el mundo actos como el del 7 de abril en Madrid.

rector y vicente

En el coloquio -moderado por José Luis Fuentecilla y Sergio Martín, dos periodistas y miembros de la junta de Alumni-USAL- Vicente del Bosque insistió en destacar la importancia del “sentimiento de pertenencia” a un club como una de las claves del éxito personal y colectivo.

Eso sí, admitió que uno de los factores que separa a un gran club de fútbol de una empresa es la singularidad de sus empleados. “Pero estamos lejos de algunos de los mitos más extendidos”, dijo en referencia a la supuesta dificultad de tratar con el “ego” de algunas estrellas del fútbol. “Son gente bastante generosa aunque, eso sí, un entrenador debe cuidar tanto la parte personal como la parte técnica. Hay entrenadores que son muy buenos en el trato personal y un desastre en la estrategia deportiva y a la inversa. No resulta fácil explicar a un jugador que es titular fijo en su equipo que se va a sentar en el banquillo de la Selección. Si explicas, mal. Hay que ser justo, actuar desde la ejemplaridad. Esa es la primera virtud de un entrenador que a veces se ejercita con un gesto, con una palabra. Ser justo, íntegro, sensato, prudente”.

“La ventaja en una empresa es que está muy jerarquizada”, replicó Antonio Huertas. “En la empresa no se permite que unos egos se pongan por encima de otros. Nosotros trabajamos con un objetivo a largo plazo frente al fútbol, que se marca objetivos a corto plazo. Eso no significa que a veces no tengamos que tomar decisiones  en 90 minutos por usar el símil futbolístico. En pocas jugadas tenemos que adoptar decisiones que pueden llevar al éxito o al fracaso, llevar a pérdidas, a la pérdida de puestos de trabajo. Ahí tenemos que ser muy cuidadosos y medir cada uno de los pasos que damos”.

¿Para ser un buen entrenador es necesario haber sido jugador profesional? “No es absolutamente necesario”, respondió el entrenador salmantino. “Es absolutamente imprescindible al menos en mi empresa. La mejor manera de ser buen entrenador es ser buen jugador. Yo llevo 27 o 28 años siempre trabajando en esta empresa. Es necesario crecer en la empresa. La cantera frente a los fichajes. Tratamos de desarrollar nuestra cantera, nuestros métodos. Los requisitos son tener ilusión, tratar de aprender, la ambición sana, constancia y mantener como referencia a aquellos de los que hemos aprendido”.

Vicente del Bosque apuntó que “la cohesión del grupo es una factor vital. Hay que ganarse la confianza en el día a día, con los gestos, con las palabras, con la toma de decisiones. Los jugadores que ya han pasado por muchos entrenadores a veces son escépticos. Hay que ganarse su confianza, buscar la mayor justicia, un equilibrio entre el talento y la organización”.

Huertas le recordó a Del Bosque que él preside una empresa de 40.000 empleados y 300.000 accionistas, pero que el entrenador de la Selección Nacional responde ante más de 40 millones de personas. Del Bosque restó importancia a la presión a la que se ve sometido: “Hay que desdramatizar en los momentos malos”, dijo, haciendo una vez más gala del temple que siempre ha acompañado al entrenador más exitoso del fútbol español, cuya generosidad -conviene recordarlo aquí- nunca le ha fallado a la Universidad de Salamanca.

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